Clear your mind

Clear your mind
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miércoles, 9 de septiembre de 2015


La confusión me llevó al destierro lenta y cruelmente. Había poco que pudiera hacer a esta altura para arreglar corazones ajenos.

Mi corazón andaba con suelas desgastadas en caminos espinados. Con valijas semi llenas de recuerdos etéreos. Con melena despeinada de guerras en la cama. Con soberbia de proclamarse conocedor de la desdicha. Con poco ya que decir.

Como prófugos del amor se sumergieron aún más profundo de lo que debían. Ni batallaban ni firmaban la paz, la razón indiscutible conocía aquel fin.

La razón predijo aquel fin antes incluso que los corazones se tomasen la mano, la razón conocía cuán corto era ese camino si se afirmaba el paso sobre la verdad. Caprichosos y dichosos sintieron todo. Lo vivieron. Lo intentaron. Lo quisieron. Y fallaron.


“No hay mal que por bien no venga” – quisimos creer.



domingo, 6 de septiembre de 2015

21k Media Maratón de Buenos Aires (06.sept.2015)

Venía hace meses esperando este momento y me había imaginado todo, cada instante, incluso qué podía escribir al respecto. Nada. No hay manera de expresar lo que se siente porque hace falta vivirlo.


21k son un montón y no cualquiera tiene las ganas, pero no hace falta haber nacido hijo del dios de las velocidades para estar ahí porque la petisa de la foto hace un año no llegaba a los 5k. Hace un año y un mes corrí mi primera carrera, 5k, una pavada y terminé diciendo que era hermoso pero que jamás iba a correr más que eso (me lloraban los pulmones pidiendo aire). Seguí entrenando como siempre, hasta abril de este año, cuando conocí a un loco y la persona más buena que hay (Edu obvio) que me alentó a que corriera 8k. Loca de felicidad dije “si pude correr 8k, puedo correr lo que quiera” por supuesto ni tenía en mente los 21. Fui dando así un poco más de mí, mientras el profe nos seguía explotando y con la leona Mai le poníamos cada vez un poco más de garra. Hasta ahora venía avanzando gracias a los compañeros que tengo (suerte la mía de tenerlos) y llegaron los 15k. Costaron. Costaron un huevo y medio, yo contra mí misma, fue una batalla mental terrible y dije más de una vez “Nunca más” y “no corro los 21”. Por suerte Dani me hizo el aguante en la primera carrera de 15k y gracias a él llegué! Me volvieron loca, todos me decían que podía y yo era la única que lo negaba.

Al final hoy me desperté segura de que podía, un nudo en la panza ni me dejaba respirar de los nervios y “qué carajo hago yo acá” me fui preguntando durante todo el calentamiento. Capaz yo corrí los 21k porque tengo unos compañeros de oro que me dieron la fuerza y el ejemplo, que no se rinden, que no tienen miedo y si lo tienen lo vencen, que no aflojan y que quieren seguir corriendo siempre un kilómetro más. Capaz corrí los 21k porque Eduardo me quemó la cabeza durante meses para que pudiera y me acompañó desde el principio y hasta el final de los entrenamientos. Capaz yo corrí los 21k porque quería llevarme por delante todos esos comentarios “estás loca” “son muchos” “si apenas llegaste a los 15, 21 no vas a poder” “no tenes el físico”.

O capaz los corrí porque a fin de cuentas no hay nada más complaciente que superarse a uno mismo, que proponerse y conseguir, que aplastar los límites y terminar con un “YO PUDE”. De todas maneras no puedo explicarte lo que se siente correr 16k dejándote las piernas, los siguientes 4k avanzar con la cabeza y el último hacerlo con el corazón. Tampoco puedo explicarte la satisfacción y el orgullo de haber llegado hasta acá. El que corre 42k por ahí se ríe de mí y el que no corrió nunca 1k me admira, igualmente va más allá de eso, se trata de objetivos, de competir con uno mismo y no con los demás. Ponerse una meta y cumplirla no es solo trabajo, es fe, es creer que podes. Tus piernas no van a ir a donde tu cabeza no las lleve.  Y al final, todo esfuerzo trae sus recompensas.

sábado, 29 de agosto de 2015



So lying underneath the stormy skies she'd say 'I know the sun will set to rise'. 
 - This could be paradise - 


                                     (Coldplay)

jueves, 6 de agosto de 2015

Lo pequeño se hace grande.

 Andaba perdida por buscar algo que no era mío. Caminando caminos ajenos hay pocos que puedan llegar sin padecerlos. Desorientada y golpeada era poco fácil sonreír. Algunas manos curanderas me guiaron en la oscuridad y me trajeron a donde estoy.

Mi refugio. Refugio es la gente que me acomoda el alma, que me acaricia el corazón. Refugio es la gente que me roba sonrisas por el simple gusto de verme sonreír, la gente que me abraza para darme el calor que me falta, la gente que me escucha porque sabe que quiero hablar, la gente que me espera porque cree que vale la pena hacerlo, la gente que me busca porque entiende que me  pierdo, la gente que me empuja para que choque con mis miedos, la gente que me acompaña aunque no tenga ganas de caminar, la gente que me ayuda aunque no me haga falta, la gente que me acepta aunque no me entienda, la gente que me sostiene las penas cuando me pesan las que ya tengo, la gente que me reta sin esperar que haga caso, la gente que me promete y que cumple, la gente que pone música para mis oídos aunque no le agrade, la gente que me grita cuando tiene que gritarme y luego se disculpa por lastimarme, la gente que me dice verdades porque sabe que de mentiras rehúyo, la gente que me regala tiempo sin esperar devolución. En mi refugio nunca hace frío porque hay gente cálida, supongo que por eso me refugio con esta gente alrededor.

Pero la gente no era suficiente si no había momentos. Así que creé mis momentos de vida. Tomar un café con mi madre todas las tardes posibles. Una siesta después de haber madrugado o comer después de horas con hambre. Ponerme las zapatillas para ir a correr. Reírme sola en la calle bajo miradas curiosas, o reírme hasta el llanto con algún amigo. Pintarme las uñas. Leer un buen libro. Reflexionar en la ducha. Un mensaje de buenos días. Cantar a los gritos. Mucha música y siempre y cada día por lo menos una canción de rock y una de Miley. El olor de mi viejo cuando sale de ducharse. Los besos de mi perro. Los consejos (y cargadas) de mi mejor amiga, o de mi hermana, o de ambas. Encontrar plata en un bolsillo. El sol de media tarde. La playa, las olas. Una cerveza con pizza.

Y me fui llenando, junté los momentos con la gente, hice que todo eso tan pequeño y que parecía tan insignificante se volviesen mis pilares. Los pilares que serían la base que me sostuviese si mis emociones se volvían a tambalear. Siempre hay desequilibrios, siempre algún momento se arruina o alguna persona falla, y estaba bien. Lo pude entender y lo supe aceptar, supe convivir con ello. Desde entonces siempre veo brillar el sol en la mañana, aunque llueva. Si alguna herida arde, la dejo estar allí, dolorosa pero segura de que va a cicatrizar. Pude reír tranquila con todo lo bueno a pesar de saber que lo malo me rompía hasta llorar. No tengo la seguridad de cuándo, pero había asumido que las tristezas y las alegrías no eran contrarias sino complementarias, ambas convivían y completaban ciclos, no se podía ser extremadamente feliz sin haber estado extremadamente triste. No distingue lo dulce quien no probó lo amargo. Lo vi, lo entendí, lo acepté y me lo tatué bajo la piel. Me sentía particularmente feliz. Había sacado lo más útil de la miseria, y no, nunca me prometí que no volvería a caer, podía suceder. Puede que algún día vuelva al fondo de ese pozo, puede que vuelva a llorar como un bebe recién nacido y que patalee caprichosa porque crea no merecerlo. Puede incluso que me vuelva a odiar a mí misma por ello. Pero no tengo miedo, pues sé que a la vuelta me espera mi refugio y mis momentos. Y créanme, eso es todo lo que uno necesita para sentirse bien.


Lo grande, vaya si nos vendieron una mentira, lo grande se va formando cuando se suman las partes. No hay grande sin pequeño. 

miércoles, 22 de julio de 2015

Me hubiera ido tras él.

Escuchaba aquella voz en cualquier lugar. Ni siquiera estoy segura si era su voz o sólo una sensación. Aunque a esta altura dudaba incluso si era mi propia imaginación. Me gustaba oírla. Su voz me gustaba inclusive más que la música, me gustaba más que el sonido de las olas, más que el del viento al ir en moto. Su voz acariciaba mis sentidos. Pero no era únicamente su voz, también estaba obsesionada con sus palabras, todo lo que salía de su boca me ponía la piel de gallina. Me curaba y me sanaba en tan solo un par de frases. Al principio supe manejar todo aquello que me decía, sabía exactamente cómo hacer que él me dijera lo que yo quería oír. Y todo fue tan fácil ¡Ay tan fácil que no me percaté cuando empezó!

Sentía sus pasos tras los míos a lo largo de cualquier camino. Con frecuencia me volteaba para asegurarme si no era él, o alguien más. Pero ahí estaban, sus pasos estaban pero él no. Siempre tras de mí, lo bastante lejos para cuidarme las espaldas, lo bastante cerca para cuidarme el corazón. En aquel entonces me gustaba esa compañía, no me sentía sola. Sin embargo, aquella soledad comenzó a ahogarme si comprobaba que no estaba, así que solo empecé a caminar sintiéndolo pero sin darme la vuelta.

Todas las sensaciones eran recuerdos. Todos aquellos inventos de mi imaginación me seguían constantemente. Quizás no eran inventos y eran su fantasma. Tal vez sólo eran confusiones de realidades. Puede que mi cabeza estuviera manipulando la realidad para hacerme creer lo que quería. Estaba plenamente confundida, estaba totalmente perdida en alguna realidad ajena, estaba desquiciada por encontrar todo lo que él me había dejado, por conservarlo y atarme a ello. Estaba locamente enamorada de aquello que me había hecho sentir.

De todas maneras, lo estuve y ya no. El tiempo lo fue matando en mi memoria, cada vez podía oír su voz menos clara y sus pasos eran más lejanos, su olor era menos perceptible y todo lo que yo sentía, cada vez lo sentía menos. Mi risa con su risa habían quedado olvidadas. Nadie me llevaba a la calma, nadie y mucho menos su recuerdo ¡Ay de mí cuando lo perdí! Y así, momento tras momento (que no atino a acertar cuánto tiempo duraba un momento) fue yéndose no él sino su fantasma, su ficticia presencia y con él mis ganas, con él mis fuerzas, con él yo. Me hubiera ido tras él una y mil veces, antes, ahora y mañana. Me hubiera ido tras él desde el comienzo y hasta el final. Me hubiera ido tras de él, como lo hice.

Y no habría nadie de preocuparse por mí. No estoy perdida, no lo estoy porque él siempre me guía, siempre lo hizo y aún ahora. Es mi cuerpo ausente el que genera interrogantes, pero yo aprendí, él me enseñó, que no era vacío el cuerpo sin alma, sino el alma sin amor. Amar es vivir y mi alma lo eligió.


¡Ay de mí sin él! Locura divina era verlo brillar. No hubiera querido ver otra luz en mi vida que la que vi en él.


viernes, 17 de julio de 2015

PROPERTY OF SOCIETY.


Hay palabras que las nenas no pueden usar, el fútbol es para varones,  las mujeres debemos desnudarnos ante quienes lo merezcan porque quien se acuesta con más de hombre es una puta, las niñas van de rosa y bien tapaditas, que si provoca, lo que le pase ella se lo buscó. Por favor mujeres vistan talle único, te quieren con curvas pero sin panza ni kilos de más. Cuando las jóvenes salgan no usen tacos muy altos que son de prostituta, pero tampoco zapatos bajos como los niños, no usen polleras muy cortas porque son de buscona, pero tampoco muy largas porque entonces significará que no se saben vestir, no se pongan demasiado maquillaje que parecerán travestis pero no vayan sin maquillar porque estarán poco atractivas, no sean insoportablemente histéricas, tampoco sean fáciles, pero déjense ganar. Ese short es muy corto, esa remera muy escotada, ese tatuaje te queda mal, ese aro es de hombre, sonreí un poco, no camines así camina asá, trabajá para independizarte pero ocupate de la casa no olvides que sos mujer, ¿¡Cómo no sabes cocinar?! Tendrías que hacerle la comida a tu familia pero no comas con ellos ¡no vayas a engordar! Ay mujer, ay mujer, “mirate al espejo y querete” te dice la sociedad, la misma sociedad que cuando te aceptas te quiere cambiar.

A las mujeres nos trajeron al mundo al igual que los hombres pero las religiones dicen que éramos una costilla del hombre, o que somos objetos, o que no tenemos alma. Los medios nos venden como excelentes objetos de comercio, servimos para promocionar autos, programas de televisión, lavaplatos, alcohol y mientras algunos nos muestran como auténticos objetos sexuales que te podes ganar si te comes ese chicle, si te compras ese auto, si usas ese desodorante, otros nos muestran como excelentes amas de casa y responsables de la vida familiar. Tenemos que respetar reglas básicas de la feminidad pero también ser como los mejores amigos del hombre, nos quieren difíciles pero expertas sexuales, nos quieren provocando pero lo justo, no nos quieren exclusivas ni libres. ¿Qué nos están haciendo? ¿Y qué nos dejamos hacer?

No voy a caer en el extremismo de decir que los únicos culpables son ellos porque muchas veces fuimos cómplices. Hay personas de ambos sexos divirtiéndose en la balanza donde ellos pesan más que nosotras, hay personas de ambos sexos ganando millones gracias a la mujer usada como un producto, a la mujer expuesta y que cumple tan bien ese “rol” designado. No gracias, te agradezco pero yo prefiero ser libre. Prefiero ser mujer por el sexo que tengo y no volcarme a ese lugar que me otorga la sociedad, prefiero morir a manos de un enfermo por vestirme como me visto a vivir el resto de mis días bajo una túnica negra, prefiero defenderme, prefiero ser mujer hasta el punto que yo lo decida, y por mujer me refiero a lo que la naturaleza me dio y no a lo que la sociedad me impone.

Las mujeres no estamos por debajo de los hombres ni económicamente, ni físicamente, ni mentalmente. Las mujeres no somos las encargadas de los quehaceres del hogar. Las mujeres no debemos vernos siempre atractivas. Las mujeres no debemos  ser las únicas responsables de criar a un hijo. Las mujeres no debemos privarnos de expresar nuestras ideas ni que el sexo sea tabú. Las mujeres no somos un premio a conseguir ni una mascota a la que educar. Las mujeres nos vestimos como queremos y para nosotras, lo que le “provoca” al hombre está en su mente y no en la nuestra. Hombres, las mujeres venimos del  mismo lugar que ustedes, del vientre de una madre. Y cuando hablamos de todo aquello que la sociedad nos restringe y establece, hablamos de creencias milenarias, del lugar que ocupábamos y no deberíamos ocupar más. De lo que querían que fuéramos y muchas de nosotras se rebelaron para no ser. ¿Podemos entonces por favor dejar de clasificarnos entre nosotras? ¿Podemos respetarnos entre el mismo sexo? No podemos buscar la compresión en ellos si primero no nos entendemos entre nosotras. ¿Pueden entonces ustedes dejar de cosificarnos? ¿Pueden por favor dejar de juzgarnos, y adjudicarnos lo que debemos y no hacer como “Mujeres”? 

Y respetarnos no es decir “ni una menos” y lavarse las manos. No nos respetas cuando te sentas en la mesa y esperas que nosotras la pongamos, y que también la levantemos y que también lavemos los platos. No nos respetas cuando te das vuelta para mirar un culo ni cuando nos tocas bocina. No nos respetas cuando decís “es rapidita, seguro entrega”. No nos respetas cuando te reís de que una parece un machito por cómo se ve. No nos respetas cuando te molesta nuestra opinión en el fútbol o pensas que por supuesto era una mujer la que manejaba. No nos respetas cuando te crees muy machito por tener muchas mujeres. No nos respetas pero querés que te respetemos. Te aprendiste tan bien lo que la sociedad te quiso hacer creer que tu lugar como macho es más importante que nuestro lugar como mujeres. Y a vos mujer machista, lo siento. Realmente lo siento porque te hayas creído todas las mentiras que te dijeron de vos misma, por haberte comido el papel que te dieron. Pero sobre todo lo siento por nosotras, las mujeres que no queremos ser sumisas, las que nos hacemos cargo de las críticas por intentar ser lo que queremos y no lo que nos pidieron.

Recuerden que razonable es el que tiene argumentos para sostener la razón. Y lo que la cultura diga no es argumento. Y lo que uno critica habla más de uno mismo que de lo que se critica en sí.


Un saludo a todos los que decidan reflexionar y cuestionarse. Y muchos deseos a nosotros, como sociedad, para que avancemos y evolucionemos.

martes, 30 de junio de 2015

Loca de ganas de más.

Las gotas de sudor me resbalan por la cara y tengo la espalda llena de nudos ¡Qué trabajito viejo! Lo bueno es así, para alcanzar metas altas hay que saltar alto. Aceptar desafíos es también aceptar el camino que lleva hacia ellos, atravesarlos como se pueda y ver la luz al otro lado. Durante todo este tiempo intenté no perder de vista esa luz, no desviarme de la senda para poder llegar a aquel resplandor.

Acá estoy, a un paso de haberlo logrado. Por supuesto que lograrlo solo implica emprender la siguiente parte de este camino infinito, pero lo acepto y lo disfruto. Lo quise con tanta fuerza que lo estoy teniendo, al final la cosecha está dando sus frutos. (Cada hora de sueño que perdí por estudiar, cada vez que releí una frase hasta poder entenderla, cada resumen del resumen del resumen, cada pregunta hecha en clase y esfuerzo por organizar de la mejor manera la información en los parciales.) (Cada tarde, cada entrenamiento con dolores en las rodillas, en los cuádriceps, en los gemelos, cada segundo ahorrado en velocidad y cada domingo madrugado) (Y cada gramo bajado en la balanza) Esos entre mis desafíos favoritos este año, sin contar mis desafíos como persona, más internos, más propios.

En aquella letra de Las Pastillas del Abuelo decía…

“Tengo por bien sufrido lo sufrido 
tengo por bien llorado lo llorado. 
Porque después de todo he comprobado 
que no se goza bien de lo gozado 
sino después de haberlo padecido.
Porque después de todo he comprendido 
que lo que el árbol tiene de florido 
vive de lo que tiene sepultado”

Sin duda certero. Ganador es el que pelea hasta el final, así lo haya logrado a la primera o le haya llevado unos intentos más. Y me sé victoriosa después de tanta lucha interna, un cuerpo que no quería saber más nada y una cabeza que seguía insistiendo en que se podía. Un paso, estoy a tan solo unos pasitos mínimos de cumplir lo que tanto quiero, las metas que me propuse y que veo cada vez más cerca. Gustosa de entrar en la segunda parte del año, que parecía lejana, inalcanzable, que parecía como si el tiempo nunca llegara a esta parte y por fin, llega lo tan deseado del 2015, la hora de los retos, la hora de poner pecho a lo que viene y tanto esperé.

Tan ansiosa como agradecida, uno siempre debería agradecer un poco a quienes nos tendieron la mano, acordarnos de quienes nos facilitaron un poco el camino. Yo fui y soy totalmente afortunada, estoy rodeada de gente que la pelea, gente con carácter que se pone frente a la vida y la desafía. Lo vi y me lo quise contagiar, en mi viejo que pone todo su alma y cuerpo en sus objetivos, en mi mejor amiga que con su actitud y confianza sabe que puede, y efectivamente puede, en mi hermana que rebalsa constancia, en más de un compañero con los que corro, algunos que llevan años poniéndole ganas y se mantienen en pie a pesar de pasar los cuarenta, y otros que saben muy bien que los límites están en la cabeza y siempre son capaces de mejorar. Lo leí también en libros, lo vi en historias reales y lo escuché decir a más de uno que hoy está donde está porque se dejó el pellejo para llegar hasta allá. No es de mi interés si algunos tuvieron o no el camino más fácil porque esta vez solo competí contra mí misma, solo hice las cosas porque yo las quería y los logros tanto como lo no logrado pesan en mí y no se los debo a nadie.

Contenta, satisfecha y ansiosa. Le sonrío a lo que falta, loca de ganas y segura de lo posible que es todo, si tan solo viéramos las piedras como oportunidades de aprender en vez de como trabas en el camino…

Sólo hace falta un desafío, fuerza y corazón. 

viernes, 26 de junio de 2015

Interviewer: Are you a rich man? 

Bob Marley:  When you mean rich, what you mean?

Interviewer: Do you have possessions, a lot of money in the bank?

Bob Marley: Possession make you rich? I don't have that type of riches. My riches is life forever.

martes, 9 de junio de 2015

"Se hace camino al andar" escribió Machado...

Todo eso queda. En la piel llevamos las cicatrices bien marcadas, como también adentro nuestro. Heridos y curados, guerreros de nuestras propias batallas y ganadores de nuestros propios triunfos nos corresponde por tanto asumir las consecuencias de los pasos dados y la responsabilidad de los que daremos.

Los abrazos tibios, las palabras sin contenido, los gritos mudos, las compañías ausentes, las ayudas interesadas, las sonrisas forzadas, los dolores guardados y todo aquello que no sirve, toda esa basura figurativa no ayudó y no ayudará a encontrar lo verdadero. Fueron, alguna que otra vez, nuestros consuelos vanos para mentirnos al  corazón, pero éste, corajudo y exigente golpea las paredes para hacernos saber lo verdadero de la verdad. El amor tiene que ser cálido, la felicidad brillante, la pureza limpia y la plenitud de esas sensaciones debe inundarlo todo.

Y nos vamos perdiendo y encontrando en los caminos tan diversos, nos vamos tropezando con lo que queríamos y ya no queremos, con lo que perdimos y extrañamos, con lo que fuimos pero no somos, con lo que debería haber sido y no fue. Nos vamos encontrando, sobre todo, con lo que nos emerge desde dentro, con lo que somos así nos guste o no, con lo que sentimos, así lo elijamos o no.

No es fácil, aunque lo parezca, armar los caminos. Siempre el peso de lo racional y lo instintivo está presente batallando por las elecciones ¡Si será un placer cuando se fusionan! Pero cuando esto no sucede entonces es el momento de elegir corazón o cabeza. Nos vamos así armando, nos vamos conociendo y desconociendo, la incertidumbre nos vislumbra y dificulta la visión ¿Qué pasaría si…? Y avanzamos. Pasito a pasito, construyendo, solos o acompañados, el camino que transitamos, la vida que elegimos, lo que nos toca y lo que decidimos hacer con ello.

Apenas sepa quizás alguien que transitó tan poco, tan extraño y enredado pero corto camino. O quizás te sorprenda, que ese alguien, arremetiendo contra paredes porque así el corazón lo quiso haya entendido que los pasos hacia lo puro, lo sincero, lo pleno, los dicta el corazón. Un poco loco, apenas racional pero apasionado. Vívido de sentimientos, hambriento de sensaciones, me guía detrás de lo que quiero, mientras la cabeza, muy insistente, le aconseja lo que debería. Y con esos dos consejeros, haciendo hincapié siempre en el primero, voy siendo.


[Una vez, frente a una situación en la cual el corazón me empujaba con fuerza exagerada pero la razón asustada me gritaba que me aleje, un buen alma me dijo que me deje llevar. Que no atienda a los motivos que me asustaban, que ignorara los problemas que acarreaba aquella situación y me guiara por lo que sentía, que si eso quería por algo era y tenía que intentar, que probar, que no debían frenarme toda esa junta de problemáticas que veía]

martes, 2 de junio de 2015

even
after
all this time
the sun never says to the earth, 

"you owe me"

look 
what happens
with a love like that,
it lights the whole sky. 

Hafiz

domingo, 31 de mayo de 2015

La piedra.

No creo saber a qué esté atado y quien lo designe. Y me reservo mis teorías para no entremezclar las propias creencias con lo real, pero, puedo asegurar que uno se tropieza con la piedra hasta que aprende.

Los pasos que nos llevan hasta las piedras son tan personales como inconscientes. Con miedo o sin él, dudosos o decididos, nos paramos frente al camino, paso a paso. “Un tropezón no es caída” nos consuelan la primera vez. Algunos toman esa experiencia como un aprendizaje al primer error y continúan incluso con raspones en las rodillas. Otros caemos de manera estrepitosa intentando frenarnos con las manos (Hagas lo que hagas, levantate). Sólo con el dolor de la caída pudimos notar la presencia de aquella piedra y muy confiados damos pasos firmes para seguir. La misma piedra, la caída un poco más fuerte, un golpe que resuena (adentro, donde están los sentimientos). Preguntarse a uno mismo puede atemorizar, es más fácil jurar un nunca más y levantarse tembloroso. Pero el paso es más dificultoso, la piedra más grande, las piernas más torpes, los ojos ciegos y ya la caída parece voluntaria. Un poco ese dolor que sentimos lo padecemos, y otro poco lo apreciamos. ¿Qué está tan bien aquel mal que no podemos (o queremos) seguir? ¿Acaso tenemos anudada la piedra a los pies?

Siempre hay voces, conciencias que no son la nuestra, que nos quieren ayudar, manos voluntarias que nos levantan, brazos que nos abrazan mientras nos secan cuidadosas las lágrimas. Y nosotros, enceguecidos, lastimados, furiosos (con nosotros mismos) vacilamos y avanzamos. ¡Qué gran soberbia! ¡Qué gran error! Nos atrevemos a avanzar sin enfrentar la pregunta interior. Por supuesto, somos más fuertes. Por supuesto, caemos mejor. Pero caemos, al fin. ¿Qué más le falta a este lacerado cuerpo sufrir para cuidarse? ¿Qué buscan estas ilusiones ciegas encontrar en el fondo del suelo al tropezar? ¿Qué están intentando estas ganas de fallar siempre igual? Con sollozos caprichosos no se va a solucionar. Seguir sangrando por la herida no nos va a curar. Para verlo primero hay que reconocerlo, para aprenderlo hay que padecerlo.

Un poco locos, asustados, quebrados y con el orgullo herido lo enfrentamos, la pregunta ¿Por qué apostamos por una piedra que no nos da un lugar firme en el que pisar?

La respuesta es tuya. Es mía. Es suya. Es propia. No importa qué ojos la vean si son los nuestros los que la deben aceptar. Algunos cobardes acotan “la verdad duele”, deberían saber que más duele tropezarse con la mentira una y otra vez.

No lo niego más, ya no vuelvo a tropezar. Esta batalla no la gané, la aprendí. De esta guerra me llevo las heridas como lecciones de la vida. No me asusta volver a errar, pero no vuelvo en esta vida a chocar contra esa piedra, ya muy chica, ya muy obvia, ya muy resentida. Que vengan otros tiempos, otros errores y otros aciertos. Que me jueguen las cartas del azar. Con el cuerpo encogido de dolor, los ojos todavía húmedos de llorar, me voy, entendí que se puede seguir el camino, se puede ver cuando uno decide mirar, se puede enfrentar cuando se tiene el coraje suficiente de saber la verdad. 

Los fallos son nuestros, propios, seguirá tropezando quien vea culpable a la piedra.

La piedra no se va a mover de su lugar, no se va a achicar para dejarte pasar, no va a cambiar para dejar de ser piedra. La piedra solo es la experiencia que te va a quedar.


Te tropezarás, me dijo la vida, tantas veces como sean necesarias para que entiendas qué grande sos y qué chica es la piedra.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Que no se te vaya la vida.

Una alarma que suena a las 6am, un cuerpo cansado del día anterior, ganas ausentes de empezar la rutina, un frío que amenaza desde el otro lado de la ventana. No quiero.

Horas y horas, agotamiento, viaje, gente, esfuerzo, pensar, hacer, hambre, sueño, y después de todo al fin en casa. Pero por supuesto nunca termina ahí, siempre queda algo por hacer, siempre un poco más de estudio, un poco más de trabajo, ojos cansados que intentan organizar ideas con un café que te mantiene despierto.

¿Y la balanza? ¿Y el equilibrio? La vida es esforzarse y también disfrutar. Trabajar y descansar. Despertarse y dormir. Llorar y reír. Me confundí aquellas veces que dejé que todo el peso se fuera de un lado, sea cual sea. La fiesta, la noche, los amigos, el alcohol, el tiempo libre, las vacaciones, las risas, la comida, ir de acá para allá buscando más diversión, todo eso se idealiza más de lo que se debería. Pero un título, un trabajo, unas notas excelentes, una corbata, un horario estricto con comidas estrictas con caras serias, papeleo importante y poco descanso parece ser “más digno”. Caminar “siendo alguien” presumiendo de responsabilidades y alardeando de cuánto cansa tener una vida tan agitada parece ser muy bien visto. No confundamos, la dedicación por el deber y la dedicación por las ganas no es lo mismo. Y ahora resulta que somos el título que tenemos, o sos un licenciado o sos un analfabeto. Resulta que o sos el jefe o sos un empleadito. Parece que sos un vago que estudia a la tarde cerca de casa o sos un excelente estudiante que se va hasta la loma del culo en hora pico. Porque por supuesto es muy fácil clasificar, es muy fácil encasillar a las personas pero al parecer valen más los logros que los esfuerzos, vale más incluso el costo del esfuerzo que lo que seas como persona.

Me  i m p r e s i o n a. Y lo digo de esta manera porque conozco muchas personas que me encuadraron, o encuadraron a otros. ¿Qué nos pasa? ¿Acaso valemos tan poco que tenemos que presentar un título para asegurarnos de ello? Perdimos la noción de lo que nos gusta y ahora nos dedicamos a “lo que nos conviene” ¿QUIÉN dice lo que nos conviene? ¿Nos conviene ser felices o ser ricos? ¿Nos conviene ser conocidos por los demás o conocernos a nosotros mismos? Y no, con ello no quito valor a estudiar, no digo que yo no rechace una salida un sábado porque tengo que rendir, o bien me gustaría cantar, sí, y aún así no me dedico a eso porque soy consciente que no es lo mío y como se suele decir “me cagaría de hambre”. No por todo es poco importante educarse, al contrario, me parece que la educación es clave para crecer como sociedad. Pero veamos hacia donde orientamos la educación, si a la formación como personas o a la formación como trabajadores. Hay que enseñar, no estructurar, hay que explicar el porqué y no imponer. Y hay que plantearse lo que uno quiere para equilibrar su balanza. Quizás estés trabajando demasiadas horas extras para llegar a fin de mes para comprarte esas botas que te gustan y ups! ni siquiera tenes tiempo de usar las botas.


Parate frente a tus proyectos y elegí las maneras. Siempre van a conllevar algún esfuerzo, algún sacrificio, pero por lo mismo deberían aportarte felicidad, y calma. Porque vida son todas las horas, las malas y las buenas, no deberíamos tener ganas de vivir solo unas pocas. Trabajar, estudiar, no deberían ser sufrimientos a pasar. Y cuestionate si haces lo que haces porque querés o porque debes. Nadie más que vos mismo va a vivir tu vida, no hay una publicidad que sepa lo que a vos te divierte, no hay una universidad que sepa lo que a vos te interesa ni un test vocacional que pueda definirte. Si es tu vida, entonces vivila vos, decidila y aprovechala.


jueves, 30 de abril de 2015

Música, amor y alegría.

La música, el amor y la alegría son, para mí, los mejores regalos que me puedan hacer.

Después de haber tenido mucho frío en compañía. Después de haberme lastimado las rodillas arrastrándome. Después de haber llorado de indignación. Después de que los puños me sangraran por golpear las paredes. Después de gritar para escuchar al menos mi eco. Después de haber huido asustada de las críticas. Después de esconder la cara entre las manos para no ver. Después de que me apagaran las luces. Recién después de haberlo padecido, lo pude pisar y achicar. Pude apartar de mi vida lo que no quería y avanzar.

(Un paso hacia la felicidad)

Probé caminos y personas, no escatimé en sensaciones, y sin embargo, me hizo falta ser y vivir aquello que no quería para comprender lo que quería. Metáfora en esta vida es que hoy lo malo me parezcan ríos y lo bueno mares. Navegar por esos ríos, fluir con lo malo para luego desembocar en el mar de lo bueno. Que duela y que arda, pero crecí. Gracias a ello hoy veo lo que más me gusta dar. Y recibir.

Que sea música. Me toca la esencia, siento que recorre mis venas inundando por completo mi interior. Nunca me cansa, nunca me agota.  Escucharla mirando a los ojos a quien me la regala roza lo irreal, es como si pudiera vivir esa otra vida y entender lo que quiere decir con una melodía. Bendita la música, siempre pensé que era el mejor invento del hombre. Y probablemente no importe el estilo, no importe de quien venga, probablemente lo único importante sea conectarse con lo que transmite, lo que provoca. Para mí, alguien que me regala música, me da paz, me habla y escucha sin que las palabras sean necesarias, me invita a viajar con la mente.

Que sea amor. El amor es energía. Y como tal, fluye. Ni se crea ni se destruye, se transforma. El amor está en la vida, no es alguien, no es algo, amor no es necesariamente “pareja” ni “sexo”. Amor es un gesto, un perdón, un esfuerzo por el otro, una sonrisa sincera, un abrazo después de extrañar. El amor te llena, por momentos, porque eso es el amor, momentos. El amor se siente y se comparte. Ni se mendiga ni si niega, surge sincero y sin dirección, darlo cuesta tan poco que quedárselo se vuelve explosivo. Y para mí, alguien que me da amor, es alguien que me cura un poquito el corazón.

Que sea alegría. Y fuera los dolores y problemas, fuera lo que te arrebata la sonrisa ¡Vaya si alivia la alegría! Los rostros de felicidad son algo digno de ver, y ojalá se vieran más seguido. [Más risas de esas que te dejan sin aire] Me alivia la vida, le da otro enfoque. La alegría viene y va, yo intento agarrarla bien fuerte pa' que no se me escape. ¡Ay alegría! El que la regala, digno sea de mis gracias que no me caben en palabras. Quien me da alegría, me regala vida, me regala ganas.

Por eso y porque no alcanzo a explicarlo. La música, el amor y la alegría hay que sentirlos en carne propia, hay que vivirlos para apreciarlos. Yo conocí, con ellos, lo que creo es Felicidad. Una sonrisa muy grande para todos los que me fueron dando esos regalos. Y yo no sé si con una sonrisa sea suficiente, pero para no ser egoísta siempre intento dar un poco de música. O alegría. O amor.

Esa energía merece fluir. Dar y recibir.
Pobreza es no tenerlos. Y no darlos. También intento merecerlos, porque cambiaría todo lo material que tengo por la música, la alegría o el amor.


Puede, incluso, que el camino que estoy siguiente no tenga más final que esas energías. Porque, me pregunto, ¿Qué luz hay en la vida no habiendo música, ni amor, ni alegría?

sábado, 25 de abril de 2015


                                         "  I think, I think when it's all over, it just comes back in
                                           flashes, you know? It's like a kaleidoscope of memories, it
                                           just all comes back, but he never does.
                                           I think part of me knew the second I saw him that this would
                                           happen. It's not really anything he said, or anything he did.
                                           It was the feeling that came along with it, and craziest thing
                                           is I don't know if I'm ever gonna feel that way again, but I
                                           don't know if I should.
                                           I knew his world moved too fast, and burned too bright, but I
                                           just thought, how can the devil be pulling you toward
                                           someone who looks... so much like an angel when he smiles
                                           at you. Maybe he knew that when he saw me.
                                           I guess I just lost my balance. I think that the worst part of 
                                           it all wasn't losing him, it was losing me. "



I know you were trouble - Taylor Swift

viernes, 24 de abril de 2015

Montaña rusa de sensaciones.

Lo particular de las montañas rusas es que todo es igual que la vez anterior y sin embargo, nunca lo sentimos así. Recuerdo las últimas veces, incluso la primera, tenía un miedo de aquellos, era un manojo de nervios y varias veces pensé en la excusa de que la fila estaba muy llena, así me iba. "¿Vale la pena pasar tanto miedo?" pensaba, "¿Y si termino sintiéndome mal?". Sola me daba cuerda a todos esos pensamientos inventando alguna excusa para escaparme. Indescriptible es el momento previo a mi turno, esa ronda de espera cuando sé que la próxima pasada es la mía. Un nudo en la panza y yo puro nervio, estoy jugadísima y no queda otra que subir ¡Carajo! Parece como si la gente se sentara más lento y todo fuera más largo e interminable. Pero al final me subo, son solo segundos, quizás algún minuto, sacudidas para arriba y para abajo, vueltas y velocidad al mango. Salgo toda loca y llena de adrenalina, siempre. Grité, me reí, me agarré a mi compañero y con los ojos bien abiertos no sabía controlar la emoción. Se me pasa el miedo y bajo incluso con ganas de subir otra vez. 

Suplicando una vuelta más, siempre.

Como en la vida misma. Como sentir. Quizás sea tan amante de esa sensación porque es justamente donde me hallo. Mi vida es así y cuando no lo es, me gustaría que lo fuese. Yo misma incluso, sintiendo soy así, una loca de los extremos, las vueltas, las subidas y las bajadas. Muerta de miedo me subo y salgo siempre con ganas de más. No sé si fue tan bueno o en realidad lo lindo está en experimentar, en sentir como todo está perfecto y de repente te das un par de vueltas y no sabes ni dónde estás. Cabeza abajo, cabeza arriba, los brazos extendidos y gritando. Son unos instantes pero tienen la intensidad de todo y más. 

Ahí está el sabor. 

Con las personas y las cosas. Y las situaciones. Constantemente estoy buscando sentirme así, llevar esa emoción bien calada en la piel. Porque aunque admiro la estabilidad emocional, sentir de todo y muy fuerte me hace acordar cuan viva estoy. Vida es eso. Vida es sentir, lo malo y lo bueno. Sentir es intenso, tiene fuerza. Sentir te sube y te baja como elige y te lleva a donde sea. Sentir le da color a tus mejillas y te vuela un poco la melena. Sentir te hace alterar la sangre y dudar de vos mismo. Sentir es un riesgo que siempre vale la pena. Querer, asustarse, arriesgarse, dudar, arrepentirse, aferrarse, enloquecerse, amar, odiar, sufrir, llorar, gritar, olvidarse y renovarse, distenderse, alegrarse y querer más. Que venga lo bueno y también lo malo, que lo malo sirve para saber qué tan bueno es lo bueno. 

Que sea con quien sea la travesía, que sea viva y loca, que sea de día y de noche, y que suba y que baje, y que me altere las sensaciones. Que me movilice. Supongo que no habrá nada más nocivo para la salud que vivir en mar calmo.


Calmame el alma si así lo podes, pero nunca dejes de moverme las emociones. Nunca dejes de alterarme los sentidos. Me siento más viva así. Me siento viva en la montaña rusa.

lunes, 13 de abril de 2015

De sentir(te) no dejo.

Te miro y me siento. Me encuentro. No quieras atarme que a veces me pierdo. A veces te quiero y a veces te olvido. Yo corro en el tiempo, me siento a la espera de alguna mañana que llueva esperanza. Y verte me quema y no verte me araña. En el silencio sofocante puedo oír una voz, un eco de alegría esfumado, un grito al amor que te llevaste, que me vaciaste, entonces entiendo porqué me llenaste. Y si eso es el amor, sea justo el sufrimiento, si por querer tanto se paga con soledad encarnada en sentimientos. No se trataba de tu mano, vos me dabas tu corazón, vos me tocabas el alma, vos curabas el dolor. Y hoy. Hoy te llevo de estaca, de semblante, de piel y de recuerdo. Te veo en cada mirada. Mi piel se escapa temerosa a otras pieles que no sean la tuya, ¡Si Dios supiese cómo me hacías sentir estaría incendiándome en el infierno! Y vaya, quizás esto sea como el infierno. Quizás vos seas mi mayor demonio. Quizás tu sombra haya borrado las luces de una vida ya poco iluminada. Y entonces corro, desaparezco, le huyo, le entiendo pero no quiero caer de nuevo. No quiero sufrir más, no quiero amar más tu desierto, no quiero perderme en este abandono ni quedarme en tu presencia. No puedo sino respirar tu perfume y ahogarme en sollozos de penas perdidas, ganadas, penas arrebatadoras de sonrisas. Enfrente te observo. Me miras. Te miro. Mis manos buscan alcanzarte y no llegan nunca. Como antes, igual que ahora. Siempre corría en tu dirección perdiendo tu silueta en el horizonte, lloraba carcajadas cuando te extrañaba, frenaba y esperaba paciente que me vuelvas a abrazar. Y ya no más ¿Qué sigue ahora? ¿Qué se le sucede a la más cruel de las agonías? ¿Qué se le sucede a la más bella fría de las compañías? ¿Qué se le sucede a lo que fue vida? Y entre tantas incógnitas le pregunto al universo si tu cuerpo es un ente o es la misma energía, si tu vida es la mía y si veré la salida. Y sin embargo ¿Quiero salir? ¿Quiero irme? ¿Quiero escaparme? Abandonar tu recuerdo, sensación persecutoria, amor puro omnipresente. Me hace gritar para poderme callar, me hace extrañar para poder volverme a ver, me hace morir para luego resucitar, yo no estoy segura que sea cariño o tortura, que sean heridas o curas, no estoy segura siquiera que exista. Me pierdo de camino a tu cielo y termino en tu infierno, termino en vos. Y vos. Impasible. Inalterable. Inalcanzable. Inescrutable. Vos me observas desde el otro lado. Sos todo eso y más. Sos lo infinito, a tu lado no conozco alguna otra eternidad. Y me transformas en todo lo que quería que fuéramos. Y no fuimos. Ni podremos ser. Pero que intentamos. Hoy de nuevo, igual que ayer. Y en cada día, todos los días. Con vos.

domingo, 5 de abril de 2015

La muerte y la vida. Y el hoy.

Últimamente escucho de muertes constantemente. Gente conocida y desconocida, gente quizás muy cercana pero siempre lo mismo. Llego a escribir esto quizás porque la muerte se convirtió en un pensamiento amigo, como un fantasma que me acompaña a donde vaya. "¡Qué horrible!" pensamos todos enseguida. Tomamos el final de algo como si fuese una tragedia y no queremos dejar fluir, ni aprender de ello, ni entenderlo como experiencia, ni siquiera valorar lo afortunados que fuimos por haber formado parte. Desde el momento en que llegamos a la vida estamos destinados a morir, nosotros y todos los que nos rodean. La muerte son instantes, la muerte es un paso hacia algo desconocido y sin embargo nos preocupa más que la vida en sí. La vida son días, meses, años. La vida es cuestión de elección mientras que a la muerte simplemente estas predestinado.

En cada persona que fallece siento un empujoncito en mi espalda para despertarme. Es un hecho que te muestra como es cuestión de azar y le toca a cualquiera. Las penas, los llantos, las broncas, hay que vivirlos, sentirlos, pero continuar. Es cuestión de caminar sin mochila para poder disfrutar el camino. ¿Cargar las culpas? ¿Cargar con lo que no dijiste? ¿Cargar con arrepentimientos? Más vale dejar esos pesos extras en cuanto sea posible y seguir avanzando con la conciencia limpia.

Las ganas, los proyectos, los deseos, las personas y encontrarte, están en cada momento. Los "mañana" no existen, los planes son siempre condicionales y los momentos pasajeros. El "que hubiera pasado si..." solo sirve para entender que la próxima deberíamos arriesgar. Tampoco deberíamos cargarnos de mil cosas materiales, no hacen más que pesar. Son mentiras que nos vendieron para hacernos creer que la felicidad se paga. Al final, cuando nos vayamos, nos van a recordar por lo que éramos, y no por lo que teníamos.

La alegría, tan efímera a veces, debería ser nuestro centro en torno al cual decidir. Elegir lo que nos hace feliz, lo que nos llena. Las personas con quienes compartimos tiempo deberían sacarnos sonrisas, al igual que las actividades a las que les entregamos parte de nuestra vida.
Tendríamos que respetarnos y respetar, entender que es nuestra elección lo que queremos vivir y asimismo es la elección del resto lo que quieran hacer.
Tendríamos que ser fábricas de proyectos, nunca dejar de soñar y movernos para cumplirlos. Las ganas de vivir están en cada deseo que te moviliza. La quietud lleva al aburrimiento y se convierte en una mochila, en un peso muerto en los pies que te estorba al caminar.

Los perdones. Los te quieros. Las gracias. Las sonrisas. Los abrazos. Las lágrimas. Los placeres. Los brindis. Los besos. Los secretos. Todos y más son detalles que no deberían esperar. Dejemos de posponer, de esperar, de excusarnos. Somos esto. Lo que tenemos y lo que nos falta, lo que hacemos y lo que queremos hacer, lo que decimos y lo que callamos, lo que nos asusta y cómo lo enfrentamos. Somos lo que somos hoy y muta a cada momento, por eso busquemos ser lo que querríamos ser si nos tocara marcharnos ahora. Con cada instante que pasa estamos más cerca de un momento que no sabemos cuándo va a llegar, así que más vale estar en paz. En paz con nosotros por si nos toca, y en paz con el resto por si le toca a otro.

"Siempre" no es nada si no lo vivís hoy. El siempre está en la intensidad de cada momento. El siempre es una condición que se nos escapa de las manos. El siempre es la promesa de vivir cada momento como si fuera eterno; eterno y último. El siempre solo existe ahora. SIEMPRE ES HOY.













domingo, 29 de marzo de 2015

Un cuerpo todoterreno.



Hoy, como normalmente, me quedé sumida en mis pensamientos, colgada en momentos imaginarios. Fui y vine de vidas que no tengo con gente que no conozco y en lugares que no estoy. Situada en un escenario un poco triste me imaginé que tuviera un accidente y quedara paralítica de la cintura para abajo ¿Qué pasaría? Instantáneamente me vi llorando en un hospital desconsolada porque no podría volver a caminar hasta la parada del colectivo, ni salir a correr en la semana, ni ponerme de pie sola para hacer una fila, ni saltar y jugar con mis perros, ni bailar desaforadamente con mis amigas, ni siquiera intentar alcanzar a los piques el colectivo que se me va…

Fue tan solo un viaje imaginario porque en un momento estaba de vuelta en la realidad. Por fortuna camino, veo, respiro bien, hablo, escucho, bombeo sangre a todas partes, me funcionan todas las articulaciones y neuronas. Pero muchas veces lo olvido. Y me sentí una idiota por todas las veces que me quejo de que no me gustan mis piernas, “si fueran más flacas” “si fueran más largas” “si no tuviera estrías”. Al menos tengo ambas piernas y funcionan, puedo usarlas para correr carreras, para caminar por todos lados, dos piernas que se cansan de tanto que las paseo y dos piernas que con todos sus defectos, me siguen bancando el peso del cuerpo, que siguen respondiendo las órdenes del cerebro y que aún agotadas se bancan el ritmo. Y eso es lo que muchas veces olvido, no me doy cuenta de la suerte mía con este cuerpo, un poco gordito, un poco chiquito, un poco de esto, un poco de lo otro pero un cuerpo cómodo para vivir. Unos ojos que ven todo lo que la belleza del mundo nos regala, unos oídos que pueden escuchar todas las canciones sin pausa ni prisa, una voz loca por hablar todo el día y un pelo que aunque un poco rebelde, al menos me acompaña.

Tantas veces como nos lastimamos a nosotros mismos, tantas veces como nos desvalorizamos  y otras tantas que queremos mudarnos a otro cuerpo. Siempre miramos para arriba, nos gustaría ser más rubios, más altos, ojos más claros, espalda más ancha, un poco más de culo y piel más morena. ¿Por qué no mirar para abajo? Hay personas que darían lo que sea por tener un corazón que pueda aumentar un poco las pulsaciones sin correr peligro, a otras les encantaría poder respirar sin dificultades, hay otras personas que por una vez querrían comerse un plato entero de fideos sin tener problemas después, otras tan solo querrían poder salir a la calle a respirar un poco de nuestro aire contaminado, otras poder sentarse al sol y algunas otras cantar aunque sea desafinadamente. Y estamos nosotros quejándonos de boludeces, mientras que vos te quejas de que te cortaron mucho las puntas hay gente con cáncer que se queda pelada, mientras vos te quejas que los cigarrillos están muy caros hay gente que quisiera poder respirar sin llevar un aparato colgando, mientras vos te quejas de que no queres estudiar hay gente que no puede pensar con la misma facilidad que lo haría alguien de su edad, entonces deja de quejarte y valora un poco, primero querete y después cuidate.


Pareciera como si necesitáramos llegar a un punto extremo para ver que estábamos bien en el medio, y es bastante triste y desagradecido por nuestra parte no sólo no ver la suerte que tenemos sino encima quejarnos porque nuestro físico no es como el que soñamos. De acá a que cada uno lo comprenda depende meramente de uno, a mí por mi parte me bastó con volar un poco la imaginación. Ojalá no me pase, la desgracia te puede esperar a la vuelta de la esquina pero si por las dudas mañana me toca vivir alguna enfermedad jodida, yo hoy voy a aprovechar lo que tengo. No quiero perder ninguna condición física sin haberla explotado antes.

El cuerpo es el instrumento que te permite interactuar con el mundo. No tiene que ser muy lindo sino muy útil. 

viernes, 20 de marzo de 2015

Cortala con el miedo.

“ME DECIDÍ.”

Me parece una muy buena frase para resaltar, para encabezado, para darle la importancia que corresponde. Si bien constantemente estamos tomando decisiones (elegir comprarte chicles de menta en vez de frutilla es una decisión) hay ciertas particularidades que hacen del “ME DECIDÍ” una frase con mucha fuerza.

Esa cuestión que tenías adentro dándote vueltas, un problema que te surge o una simple pregunta que no sabes responder son el pie para decidir. Te miras las manos, miras al cielo, te mordes el labio, “Boludo qué hago” te preguntas para adentro…Se terminó el día, te fuiste a dormir y cuando estás en la cama empezas a dar vueltas de un lado para otro, “¿insomnio?” no, no es insomnio, es esa duda que te está carcomiendo desde adentro, te estancó las ideas y no te deja pensar en nada más que en eso. Siguiente día, no sólo soñaste con ese tema sino que te levantaste pensando que tenes que solucionarlo ya, sino te vas a volver loco. Sigue pasando el tiempo, según cada uno, más o menos, pero seguís pensando en lo mismo constantemente, se lo comentas a todo el mundo esperando el consejo que digas “Me iluminó”, pero ¿Te cuento algo? Vos ya te decidiste. En el fondo vos sabes lo que vas a hacer, sabes la respuesta y pedís consejo porque queres un justificativo, alguien que te dé el empujoncito para avanzar. Desde que te surgió la pregunta sabes la respuesta pero el miedo te está tapando los ojos. Dudas porque tenes miedo, te dan ese consejo acertado y vos le explicas las contras porque queres asegurarte que no sean tan malas.

Cortala. La vida es eso, jugar, arriesgar, ganar y perder. La vida es una apuesta constante, la vida está hecha para los valientes. Y voy a terminar con ese mito de que cuando apostas podes perder o ganar, nunca se pierde. Si ganas es porque las cosas salieron bien, como querías, pero si por el contrario las cosas salieron mal, distintas a lo que buscabas, no perdiste. Alguien que apuesta jamás pierde porque está decidiéndose a hacer lo que realmente quiere, ese acto de valentía ya es una victoria, es tener el coraje que hace falta para jugarte todo a una carta y la persona que hace eso nunca va a ser un perdedor. “ME DECIDí” dije yo cuando me dieron el consejo ganador, cuando de todos los consejos, yo misma tuve la valentía de afrontar lo que en fondo estaba queriendo. Y ya soy feliz. Todavía no arranqué ese proyecto al que tengo que enfrentarme, todavía no puse todo en juego y ya me siento una ganadora. Tengo infinitas posibilidades de que me salga mal lo que planeo, de que las cosas no se den como me las imagino y que se me caiga encima esa ilusión, pero no me importa. La vida es hoy, por momentos hay que dejar de pensar en ese futuro que te estás armando tan perfecto y lo que queres vivir dentro de unos años cuando te recibas, cuando consigas el trabajo, cuando tengas ese novio, cuando viajes a ese lugar porque todo lo que tenes es ahora. Por supuesto una infinidad de proyectos son para llegar a la meta en un futuro, pero no te olvides de disfrutarlo día a día, de abrazar ese proyecto entre manos que tantas gotas de sudor te está sacando, no te olvides que tenes que sonreír ahora, ahora que podes sonreír porque nada te asegura que vas a estar mañana para hacerlo.

Cometé locuras. Arriesgate. Pone la mano en el fuego. Jugatela. Dale impulso. ¿Qué importa? El miedo debería ser un motor, no una piedra en el camino. Los inteligentes saben aprovechar ese miedo y convertirlo en ganas, si tu desafío no te asusta entonces no es un desafío. Si no corres peligro, entonces no vas a ser locamente feliz con la recompensa. Yo, si llego a vieja, quiero mirar atrás y ver el camino con traspiés, cambios de sentido, giros, choques y saltos. Quiero sentir que viví intensamente, que hice lo que quería y no lo que me daba seguridad. Quiero sentir que valió la pena, porque ese camino llano sin arriesgar demasiado seguro te lleva bien a destino pero no te va a alterar los sentidos, no vas a vivir lo más horrible pero tampoco vas a conocer lo más bello. Entonces deja de darle vueltas al asunto y decidite. Y si sale mal, en realidad, nunca nada es tan malo como parece. Somos esencias llenas de una increíble energía, o explotas esa energía o te explota la esencia.


Y si queres contradecirme solo necesito la respuesta a cuál es la gracia de vivir una vida llana y aburrida. Una vida segura, tan segura del principio como del final.

lunes, 16 de marzo de 2015

Una sociedad contaminada.

Miedo, indignación, incredulidad, bronca, impotencia, tristeza. ¿Hasta cuándo? ¿Qué está pasando? 
Vivo en un lugar donde salir a la calle siempre se acompaña del "tené cuidado", donde la tranquilidad no está ni en casa, ni por nosotros ni por lo demás. 

Tenes que salir con la cartera bien agarrada por miedo a que te roben, con el cuerpo bien tapado por miedo a que te violen, por zonas seguras y a horas adecuadas por miedo a que te roben, violen, secuestren y/o asesinen pero ¿Saben qué? Aún así sigue pasando. Pasa porque hay una parte de la sociedad enferma, con una mente retorcida y una basura donde debería tener el corazón. Sigue pasando porque a esa parte de la sociedad no se la castiga como debería (en las ocasiones que afortunadamente se la castiga). Intentamos perdonar y creer que esa maldad se limpia con el paso de los años encerrándola en una prisión. NO. El que asesina no debería tener más derechos que el asesinado. Se toman más consideraciones por los atacantes que por las víctimas, y como sociedad lo estamos permitiendo, estamos educando para cuidarnos en vez de educar para no atacar, estamos culpando al que no tomó las medidas de seguridad en vez de al que saltó las leyes.

Un claro ejemplo fue cuando surgieron "los linchamientos", eso no es más que el reflejo de una sociedad asustada que tiene que salir a defenderse por mano propia, una sociedad desprotegida donde la ley cuida (en otro ejemplo) a un motochorro frente a un turista. ¿En qué estamos pensando? La justicia no debería ser un privilegio sino un seguro.

Hay que parar de JUSTIFICAR las violaciones por la vestimenta. En primer lugar, en muchos casos la ropa ni siquiera es provocativa. Y en los casos que lo es, puedo asegurar, que la mujer puede buscar provocar muchas cosas pero jamás de los jamases una violación. SOMOS LIBRES DE VESTIRNOS COMO QUEREMOS Y NADIE NUNCA BUSCA "PROVOCAR" UNA VIOLACIÓN. Hay que parar de JUSTIFICAR los robos porque era una hora insegura, o un lugar inseguro, o porque llevabas un celular en la mano. Lo que es tuyo es tuyo y nadie tiene el derecho de sacártelo porque sí. No se pueden justificar los crímenes porque son un atentado contra los derechos, y esto es lo que muchos no saben ver hasta que le toca a alguien cercano.

Hay que proteger a la sociedad, no entender al que la agrede.

Se volvió moneda corriente agradecer porque te robaron "pero al menos no te hicieron nada..." ¿Qué monstruos están viviendo en nuestra sociedad? ¿Por qué nos volvimos tan conformistas? ¿Dónde está el Estado? 

No nos podemos quedar tranquilos ni siquiera en nuestras casas porque ENTRAN IGUAL. Si salimos sin dinero y nos quieren robar NOS LASTIMAN POR NO TENER NADA. Vivimos con miedo porque nadie está a salvo, te diste media vuelta y mataron a quien tenías al lado.
Nos acostumbramos a vivir preocupados porque si no nos atienden el teléfono nos preguntamos si les habrá pasado algo. A vivir desconfiados de cualquier desconocido que se nos acerque en la calle. Vivimos en una guerra de todos contra todos preparados para salir corriendo o atacar. Nos mantenemos inmunes cuando escuchamos casos ajenas y somos capaces de verlo únicamente cuando es alguien cercano. 

Porque hoy le pasa a él/ella y mañana te puede pasar a vos, o a mí. Dejemos de buscar el porqué le sucedió y busquemos quién lo hizo para poder avanzar, como sociedad y como personas.
Una sociedad no se construye sola, es el resultado de cómo el Estado la educa y la cuida. Entonces empecemos a exigir más, a no conformarnos porque "al menos..." BASTA. Somos personas y tenemos derechos que deben ser respetados y garantizados.

Y para que los otros mejoren debemos mejorar nosotros mismos. Se enseña con el ejemplo. 






lunes, 9 de marzo de 2015

Flujos de energía.




Siento que se me inunda el alma con tanta energía nueva.

Energía pura.

Energía encendida.

Energía renovadora.

Energía luminosa.

Energía sanadora.
















Estas ganas locas de vivir me están alumbrando los caminos, me están empujando a seguir, me están robando risas profundas y arrancando las espinas que me crispaban.



Este amor que no cabe en mi pecho se está volviendo explosivo. Y va a salir. Y va a explotar. Y entonces va a quedar todo cubierto con un montón de amor. Lo van a respirar, lo van a tocar, lo van a ver y ojalá lo sientan.





Esta paz rompe como olas del mar en mi mente. Marea alta, bandera roja porque el mar no está calmo. Peligrosa la paz loca en mí, me siento más allá. La bronca, el odio, la furia, solo matan la alegría. Inhalo y exhalo la paz que me dio el arena, el mar y el cielo.











Mi esencia se regocija, cómoda en mi ser
Mi esencia me abraza desde lo más hondo, su calor hace que sea verano en mi corazón.










La verdad es resplandeciente, es pura. Pero tan resplandeciente que hay que observarla despacito para que no te ciegue. 

Mi verdad.       


Estoy abriendo los ojos para verla desde que nací. Con paciencia siempre ¡No te agites que hay tiempo! Y aún quedan muchas existencias.


[ Terremoto en la vida. 
Cambio de sentido. 
Curva inesperada. 
Topetazo a los ideales y caen los artificiales. ]





Estoy bailando -Me siento como bailando- Me mueve algo que llevo dentro, no sé qué hay afuera pero bailo por lo que llevo dentro.

Lo que fui. Lo que soy. Lo que seré. Una sola, tres tiempos y un único camino, el que se hace al andar…     

          TAN AMENA.

¡Vaya si es amena la felicidad de verse a uno mismo y gustarse!




domingo, 1 de marzo de 2015

Desde afuera pa dentro.

Deberíamos dar gracias cada vez que nos ayudan a ver un poquito más allá de nuestras narices. Abrir los ojos y sentir muy adentro la intensidad de todo lo que nos rodea, la calma suele apremiarnos cuando nos permitimos un respiro de todo el ajetreo.

Así, bien suave, como podría ser un viaje.

Cansada de viaje como sinónimo de diversión y distracción, le doy un giro al sentido y decido irme a descansar, a experimentar y a conocer. Tuve la suerte de resolver ciertos enredos de mi cabeza, ver con más claridad realidades que quizás, simplemente, no me atrevía a ver. Creo que el mar me despeja. O será la gente que en ese corto tiempo me acompañó. Junto al mar y en una casa de barro la vida parece un poco más resulta, más fluida y más simple. Parece como si los comederos de cabeza constante fueran de un tamaño insignificante y sin embargo, con frecuencia tapan lo que importa. Es tan continuo el roce con ciertas cosas que las convierten un puntos críticos en nuestras vidas, pero tomá distancia, desde lejos se ve mucho mejor lo que hace falta.

Lo bueno y lo malo, lo interno y lo superficial. Tu vida puede discurrir con tanta simpleza o materialidad como vos quieras. Ni más ni menos, no se deja de ser de determinada manera por la elección del material, sino por lo que elijas llevar adentro. Siempre esta bueno recordar, de todas maneras, que los buenos momentos están muy esquematizados. Las plataformas, un buen trago, sentados en un bar no tiene porqué ser mejor que una guitarra y apoyarse en un tronco alrededor de una fogata. Empastillarse en una fiesta loca no tiene porqué ser más divertido que tomarse una cerveza mirando malabares. Y eso corre por cuenta de cada uno, los momentos van a ser tan buenos como se ajusten a vos, pero pasa que a veces olvidamos también ajustarnos un poco nosotros a los momentos. Yo, la reina de la predicción, querer saberlo todo antes que pase y anticiparme y planear, te digo, n o  s i r v e . Los momentos nunca se van a dar como los planeaste así que sería una excelente decisión no molestarse en querer definirlos, dejalos ser, que te tomen por sorpresa y a vivirlos como vengan.

Y el Amor. No es un ramo de rosas, no es un novio, no es acostarse con alguien y no es un “te quiero”. El amor viene en cualquier forma y no se ve, se siente. Un perro, un abrazo de un amigo, un amigo, un gesto con el otro, una canción o desvivirse por alguien. El amor puede no ser todos los días, ni todo el tiempo, puede ser irregular e impredecible porque viene y va, no se retiene y no se fuerza. El amor le da energía al corazón, hace que bombee tan fuerte que uno se escuche a uno mismo, el amor te lleva por donde quiera y por suerte, se puede usar como un puente (Cerati lo dijo y no yo.)


Vivir con intensidad. Eso fue todo. Vivir todos los días iguales vuelve a la vida monótona, a las personas insulsas y a los sentimientos rutinarios. Vivir siempre igual te mata. Experimentar e irte a los extremos, probar suerte y ver qué tal funciona. Yo creo que te encontras chocando con lo que no sos. No hay mal que por bien no venga. Si por las dudas no te levantas mañana, asegurate que puedas sonreír pensando en lo que es hoy. Siempre.

  
Miramar

sábado, 14 de febrero de 2015

Del dicho al hecho...

Después de las palabras vienen los silencios. O las acciones.

Después de un par de excusas, un par de promesas, un par de comentarios o comunicaciones se le sucede todo. O nada. Quizás porque lo dicho es tan primordial como lo hecho también pierde su importancia, porque las palabras son más fuertes y sin embargo ejercen menos fuerza. Nos atamos con tanta facilidad al decir que el hacer pasa a un segundo plano, y cuando el hecho nunca hace presencia entonces las palabras dejan de tener validez. Acá es donde está el hábil juego, las idas y las vueltas, el mecer de una realidad inconcreta y abstracta que no dice nada. Nada, pero lo dice todo del hablador, aquel que con un par de frases sinceras o mentirosas sentenció una verdad y a partir de ahí un largo trecho hasta cumplirse.

O bien puede ser una pregunta exigente, una de esas que se enuncian en palabras y esperan por respuesta hechos, acciones, decisiones. Una tirada a los dados del azar, como apostar un par de fichas sin saber qué va a pasar. Preguntas expectantes, preguntas que a su receptor lo llevan a contestar (mentira o verdad) y a partir de ahí todo o nada, más o menos. Quizás por eso a veces el mentiroso no es tan culpable, ni tan malo ni tan bueno, culpable de sus mentiras y no de los motivos.

H E C H O S . La prueba tácita de lo acotado, una maniobra peculiar y peligrosa, hablar por demás o callarse demasiado, esquivar o salir a buscar lo dicho.

Y quién sabe, la palabra puede ser muy importante y muy honorable. Puede ser incluso muy sincera y perder valor porque los hechos asustan.  Un “te quiero” es fácil de decir y de sentir, pero todo aquello que implica podría ser muy difícil de cumplir, de sostener, de comprobar. En ocasiones las palabras con más simplicidad para pronunciarse son las más complicadas de sujetar, al conllevar poner tanto en juego y bailar en la incertidumbre de saberse ganador, llega a acobardar a más de un jugador.

Y los hechos. Muchas veces silenciosos y definitorios, se escabullen de ser expresados y cuando suceden nadie los ve. O sí. Brillan entonces por su objetividad, pero corren el riesgo de pasar desapercibidos por no estar implícitos. Acarrean la autenticidad de quien los concedió y con ello todo, tanto lo bueno como lo malo, los hechos que esperamos y los que queremos evitar.


Encuentro entonces la diferencia entre el hacer y el decir. Ni menos ni más valor. Pueden hablar de lo mismo, el hacer será entonces implícito y el decir explícito. De ahí a lo que prefieras es tu elección tanto en recibir como en dar, el premio es para quien sepa equilibrar y coordinar, no decir lo que no puedas hacer, no hacer lo que no sepas decir. Entre realidades pocas son las diferencias, verdadero o falso lo determinas vos.

miércoles, 28 de enero de 2015

Después de mucho.

No sé si mucho como tiempo o mucho como hechos, pero después de tanto, quizás demasiado o tal vez tan solo suficiente, entendí. Aunque siempre intenté ser sincera con los demás (y sobre todo conmigo misma) no siempre lo fui, o lo soy. Asumir la verdad puede tratarse de meterse en problemas o complicaciones, puede quebrar vínculos o provocarte algún que otro traspiés en caminos; Aun así, para remediar las equivocaciones no hay camino más seguro que poner los huevos sobre la mesa y hablar con sinceridad. Mentir también es equivocarse.

Entendí que no sirve querer cavarle la tumba al de al lado. Siempre puede suceder que nos tropecemos y caigamos nosotros en nuestro propio pozo. O puede no suceder, pero de todas formas ¿De qué me serviría hundir a otro? ¿Acaso hundir a alguien te da más altura? Lo que hacemos o hablamos de otra persona, habla más de nosotros mismos que de la otra persona en sí.

Entendí que hay que saber distinguir las situaciones y las relaciones y el trabajo y el pasatiempo. Hay que saber dónde estamos parados y cuál es el objetivo final, y a partir de eso, evitar aquellos errores que podrían resultar una piedra en el camino a futuro. “Dejarlo fluir” es una buena frase siempre que analicemos a donde la aplicamos, y siempre que dejar fluir no sea entremezclar ingredientes que podrían resultar nocivos para nosotros mismos.

Entendí que no se puede generalizar y hay que saber establecer las diferencias, que no podemos proyectar el dolor y la bronca en las personas que no nos lo causaron. Las guerras y los soldados deben quedarse en el campo de batalla y entender que en casa son solo personas, asuntos apartes, no traer las armas a donde siempre te esperan con los brazos abiertos.

Entendí, más bien arraigué la idea que ya tenía de que las personas te pueden dar más por lo que son que por lo que tienen. Llegamos tan profundo como vayamos, si nos quedamos en la superficie es muy fácil conformarse y saber a simple vista qué es lo que tienen para darnos: un buen auto, muchas invitaciones a lugares, regalos constantes, plata por demás... También podemos tomarnos el trabajo de querer recibir algo que sirva más, que nos perdure, elegir a las personas por eso que son, las maneras de manejarse con sus seres queridos, las ganas de progresar, la mano solidaria que aportan, el conocimiento de la vida, la facilidad para relacionarse, o cualquier detalle que nos haga ver que hay algo más interesante en cada uno que la materia, que al fin y al cabo, la materia no dice nada de quienes somos.

Entendí que las relaciones que establecemos con las personas son como nosotros decidimos que sean. Tendemos a tirarle el muerto al otro, culparlo por el comportamiento y las actitudes, y en el fondo de la cuestión, si tanto nos disgusta la otra persona ¿Por qué no cortamos el vínculo? No siempre es tan simple y sencillo pero no se puede enajenar la culpa de hacernos mal si somos libres de elegir con quien relacionarnos. Habiendo la inmensidad de personas que hay no deberíamos encerrarnos en esas relaciones que nos contaminan. Por lo mismo, también deberíamos dar el valor que les corresponde a esas que se lo ganaron.

Con todo lo que entendí (y que me falta entender) hoy estoy en paz. Después de meses bastante intensos, complicados, altibajos, situaciones delicadas y que se sienten muy vivas en carne propia, estoy bien. Tengo el orgullo de decir que de las equivocaciones que cometí, aprendí. Que de todos los comentarios a los que me expuse (tanto los buenos, como sobre todo los malos) tomé lo que me pareció más adecuado y entendí. Siempre me gustó mucho esa frase de Galileo Galilei “nunca he encontrado una persona tan ignorante de la que no pueda aprender algo”, créanme, lo comprobé en cada ocasión que daba por perdida, solo hay que prestar un poco de atención y sacar el aprendizaje, la moraleja. Incluso podríamos aprender aquello que no queremos ser, porque de nada me va a servir juzgar a esa persona más que para ver lo que no quiero en mí.

De lo bueno se aprenden muchas cosas, pero lo negativo deja la huella como cicatriz, tanto que es fácil recordar eso que entendimos. (Que entendimos si supimos transformar lo malo en experiencia).