Clear your mind

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jueves, 30 de abril de 2015

Música, amor y alegría.

La música, el amor y la alegría son, para mí, los mejores regalos que me puedan hacer.

Después de haber tenido mucho frío en compañía. Después de haberme lastimado las rodillas arrastrándome. Después de haber llorado de indignación. Después de que los puños me sangraran por golpear las paredes. Después de gritar para escuchar al menos mi eco. Después de haber huido asustada de las críticas. Después de esconder la cara entre las manos para no ver. Después de que me apagaran las luces. Recién después de haberlo padecido, lo pude pisar y achicar. Pude apartar de mi vida lo que no quería y avanzar.

(Un paso hacia la felicidad)

Probé caminos y personas, no escatimé en sensaciones, y sin embargo, me hizo falta ser y vivir aquello que no quería para comprender lo que quería. Metáfora en esta vida es que hoy lo malo me parezcan ríos y lo bueno mares. Navegar por esos ríos, fluir con lo malo para luego desembocar en el mar de lo bueno. Que duela y que arda, pero crecí. Gracias a ello hoy veo lo que más me gusta dar. Y recibir.

Que sea música. Me toca la esencia, siento que recorre mis venas inundando por completo mi interior. Nunca me cansa, nunca me agota.  Escucharla mirando a los ojos a quien me la regala roza lo irreal, es como si pudiera vivir esa otra vida y entender lo que quiere decir con una melodía. Bendita la música, siempre pensé que era el mejor invento del hombre. Y probablemente no importe el estilo, no importe de quien venga, probablemente lo único importante sea conectarse con lo que transmite, lo que provoca. Para mí, alguien que me regala música, me da paz, me habla y escucha sin que las palabras sean necesarias, me invita a viajar con la mente.

Que sea amor. El amor es energía. Y como tal, fluye. Ni se crea ni se destruye, se transforma. El amor está en la vida, no es alguien, no es algo, amor no es necesariamente “pareja” ni “sexo”. Amor es un gesto, un perdón, un esfuerzo por el otro, una sonrisa sincera, un abrazo después de extrañar. El amor te llena, por momentos, porque eso es el amor, momentos. El amor se siente y se comparte. Ni se mendiga ni si niega, surge sincero y sin dirección, darlo cuesta tan poco que quedárselo se vuelve explosivo. Y para mí, alguien que me da amor, es alguien que me cura un poquito el corazón.

Que sea alegría. Y fuera los dolores y problemas, fuera lo que te arrebata la sonrisa ¡Vaya si alivia la alegría! Los rostros de felicidad son algo digno de ver, y ojalá se vieran más seguido. [Más risas de esas que te dejan sin aire] Me alivia la vida, le da otro enfoque. La alegría viene y va, yo intento agarrarla bien fuerte pa' que no se me escape. ¡Ay alegría! El que la regala, digno sea de mis gracias que no me caben en palabras. Quien me da alegría, me regala vida, me regala ganas.

Por eso y porque no alcanzo a explicarlo. La música, el amor y la alegría hay que sentirlos en carne propia, hay que vivirlos para apreciarlos. Yo conocí, con ellos, lo que creo es Felicidad. Una sonrisa muy grande para todos los que me fueron dando esos regalos. Y yo no sé si con una sonrisa sea suficiente, pero para no ser egoísta siempre intento dar un poco de música. O alegría. O amor.

Esa energía merece fluir. Dar y recibir.
Pobreza es no tenerlos. Y no darlos. También intento merecerlos, porque cambiaría todo lo material que tengo por la música, la alegría o el amor.


Puede, incluso, que el camino que estoy siguiente no tenga más final que esas energías. Porque, me pregunto, ¿Qué luz hay en la vida no habiendo música, ni amor, ni alegría?

sábado, 25 de abril de 2015


                                         "  I think, I think when it's all over, it just comes back in
                                           flashes, you know? It's like a kaleidoscope of memories, it
                                           just all comes back, but he never does.
                                           I think part of me knew the second I saw him that this would
                                           happen. It's not really anything he said, or anything he did.
                                           It was the feeling that came along with it, and craziest thing
                                           is I don't know if I'm ever gonna feel that way again, but I
                                           don't know if I should.
                                           I knew his world moved too fast, and burned too bright, but I
                                           just thought, how can the devil be pulling you toward
                                           someone who looks... so much like an angel when he smiles
                                           at you. Maybe he knew that when he saw me.
                                           I guess I just lost my balance. I think that the worst part of 
                                           it all wasn't losing him, it was losing me. "



I know you were trouble - Taylor Swift

viernes, 24 de abril de 2015

Montaña rusa de sensaciones.

Lo particular de las montañas rusas es que todo es igual que la vez anterior y sin embargo, nunca lo sentimos así. Recuerdo las últimas veces, incluso la primera, tenía un miedo de aquellos, era un manojo de nervios y varias veces pensé en la excusa de que la fila estaba muy llena, así me iba. "¿Vale la pena pasar tanto miedo?" pensaba, "¿Y si termino sintiéndome mal?". Sola me daba cuerda a todos esos pensamientos inventando alguna excusa para escaparme. Indescriptible es el momento previo a mi turno, esa ronda de espera cuando sé que la próxima pasada es la mía. Un nudo en la panza y yo puro nervio, estoy jugadísima y no queda otra que subir ¡Carajo! Parece como si la gente se sentara más lento y todo fuera más largo e interminable. Pero al final me subo, son solo segundos, quizás algún minuto, sacudidas para arriba y para abajo, vueltas y velocidad al mango. Salgo toda loca y llena de adrenalina, siempre. Grité, me reí, me agarré a mi compañero y con los ojos bien abiertos no sabía controlar la emoción. Se me pasa el miedo y bajo incluso con ganas de subir otra vez. 

Suplicando una vuelta más, siempre.

Como en la vida misma. Como sentir. Quizás sea tan amante de esa sensación porque es justamente donde me hallo. Mi vida es así y cuando no lo es, me gustaría que lo fuese. Yo misma incluso, sintiendo soy así, una loca de los extremos, las vueltas, las subidas y las bajadas. Muerta de miedo me subo y salgo siempre con ganas de más. No sé si fue tan bueno o en realidad lo lindo está en experimentar, en sentir como todo está perfecto y de repente te das un par de vueltas y no sabes ni dónde estás. Cabeza abajo, cabeza arriba, los brazos extendidos y gritando. Son unos instantes pero tienen la intensidad de todo y más. 

Ahí está el sabor. 

Con las personas y las cosas. Y las situaciones. Constantemente estoy buscando sentirme así, llevar esa emoción bien calada en la piel. Porque aunque admiro la estabilidad emocional, sentir de todo y muy fuerte me hace acordar cuan viva estoy. Vida es eso. Vida es sentir, lo malo y lo bueno. Sentir es intenso, tiene fuerza. Sentir te sube y te baja como elige y te lleva a donde sea. Sentir le da color a tus mejillas y te vuela un poco la melena. Sentir te hace alterar la sangre y dudar de vos mismo. Sentir es un riesgo que siempre vale la pena. Querer, asustarse, arriesgarse, dudar, arrepentirse, aferrarse, enloquecerse, amar, odiar, sufrir, llorar, gritar, olvidarse y renovarse, distenderse, alegrarse y querer más. Que venga lo bueno y también lo malo, que lo malo sirve para saber qué tan bueno es lo bueno. 

Que sea con quien sea la travesía, que sea viva y loca, que sea de día y de noche, y que suba y que baje, y que me altere las sensaciones. Que me movilice. Supongo que no habrá nada más nocivo para la salud que vivir en mar calmo.


Calmame el alma si así lo podes, pero nunca dejes de moverme las emociones. Nunca dejes de alterarme los sentidos. Me siento más viva así. Me siento viva en la montaña rusa.

lunes, 13 de abril de 2015

De sentir(te) no dejo.

Te miro y me siento. Me encuentro. No quieras atarme que a veces me pierdo. A veces te quiero y a veces te olvido. Yo corro en el tiempo, me siento a la espera de alguna mañana que llueva esperanza. Y verte me quema y no verte me araña. En el silencio sofocante puedo oír una voz, un eco de alegría esfumado, un grito al amor que te llevaste, que me vaciaste, entonces entiendo porqué me llenaste. Y si eso es el amor, sea justo el sufrimiento, si por querer tanto se paga con soledad encarnada en sentimientos. No se trataba de tu mano, vos me dabas tu corazón, vos me tocabas el alma, vos curabas el dolor. Y hoy. Hoy te llevo de estaca, de semblante, de piel y de recuerdo. Te veo en cada mirada. Mi piel se escapa temerosa a otras pieles que no sean la tuya, ¡Si Dios supiese cómo me hacías sentir estaría incendiándome en el infierno! Y vaya, quizás esto sea como el infierno. Quizás vos seas mi mayor demonio. Quizás tu sombra haya borrado las luces de una vida ya poco iluminada. Y entonces corro, desaparezco, le huyo, le entiendo pero no quiero caer de nuevo. No quiero sufrir más, no quiero amar más tu desierto, no quiero perderme en este abandono ni quedarme en tu presencia. No puedo sino respirar tu perfume y ahogarme en sollozos de penas perdidas, ganadas, penas arrebatadoras de sonrisas. Enfrente te observo. Me miras. Te miro. Mis manos buscan alcanzarte y no llegan nunca. Como antes, igual que ahora. Siempre corría en tu dirección perdiendo tu silueta en el horizonte, lloraba carcajadas cuando te extrañaba, frenaba y esperaba paciente que me vuelvas a abrazar. Y ya no más ¿Qué sigue ahora? ¿Qué se le sucede a la más cruel de las agonías? ¿Qué se le sucede a la más bella fría de las compañías? ¿Qué se le sucede a lo que fue vida? Y entre tantas incógnitas le pregunto al universo si tu cuerpo es un ente o es la misma energía, si tu vida es la mía y si veré la salida. Y sin embargo ¿Quiero salir? ¿Quiero irme? ¿Quiero escaparme? Abandonar tu recuerdo, sensación persecutoria, amor puro omnipresente. Me hace gritar para poderme callar, me hace extrañar para poder volverme a ver, me hace morir para luego resucitar, yo no estoy segura que sea cariño o tortura, que sean heridas o curas, no estoy segura siquiera que exista. Me pierdo de camino a tu cielo y termino en tu infierno, termino en vos. Y vos. Impasible. Inalterable. Inalcanzable. Inescrutable. Vos me observas desde el otro lado. Sos todo eso y más. Sos lo infinito, a tu lado no conozco alguna otra eternidad. Y me transformas en todo lo que quería que fuéramos. Y no fuimos. Ni podremos ser. Pero que intentamos. Hoy de nuevo, igual que ayer. Y en cada día, todos los días. Con vos.

domingo, 5 de abril de 2015

La muerte y la vida. Y el hoy.

Últimamente escucho de muertes constantemente. Gente conocida y desconocida, gente quizás muy cercana pero siempre lo mismo. Llego a escribir esto quizás porque la muerte se convirtió en un pensamiento amigo, como un fantasma que me acompaña a donde vaya. "¡Qué horrible!" pensamos todos enseguida. Tomamos el final de algo como si fuese una tragedia y no queremos dejar fluir, ni aprender de ello, ni entenderlo como experiencia, ni siquiera valorar lo afortunados que fuimos por haber formado parte. Desde el momento en que llegamos a la vida estamos destinados a morir, nosotros y todos los que nos rodean. La muerte son instantes, la muerte es un paso hacia algo desconocido y sin embargo nos preocupa más que la vida en sí. La vida son días, meses, años. La vida es cuestión de elección mientras que a la muerte simplemente estas predestinado.

En cada persona que fallece siento un empujoncito en mi espalda para despertarme. Es un hecho que te muestra como es cuestión de azar y le toca a cualquiera. Las penas, los llantos, las broncas, hay que vivirlos, sentirlos, pero continuar. Es cuestión de caminar sin mochila para poder disfrutar el camino. ¿Cargar las culpas? ¿Cargar con lo que no dijiste? ¿Cargar con arrepentimientos? Más vale dejar esos pesos extras en cuanto sea posible y seguir avanzando con la conciencia limpia.

Las ganas, los proyectos, los deseos, las personas y encontrarte, están en cada momento. Los "mañana" no existen, los planes son siempre condicionales y los momentos pasajeros. El "que hubiera pasado si..." solo sirve para entender que la próxima deberíamos arriesgar. Tampoco deberíamos cargarnos de mil cosas materiales, no hacen más que pesar. Son mentiras que nos vendieron para hacernos creer que la felicidad se paga. Al final, cuando nos vayamos, nos van a recordar por lo que éramos, y no por lo que teníamos.

La alegría, tan efímera a veces, debería ser nuestro centro en torno al cual decidir. Elegir lo que nos hace feliz, lo que nos llena. Las personas con quienes compartimos tiempo deberían sacarnos sonrisas, al igual que las actividades a las que les entregamos parte de nuestra vida.
Tendríamos que respetarnos y respetar, entender que es nuestra elección lo que queremos vivir y asimismo es la elección del resto lo que quieran hacer.
Tendríamos que ser fábricas de proyectos, nunca dejar de soñar y movernos para cumplirlos. Las ganas de vivir están en cada deseo que te moviliza. La quietud lleva al aburrimiento y se convierte en una mochila, en un peso muerto en los pies que te estorba al caminar.

Los perdones. Los te quieros. Las gracias. Las sonrisas. Los abrazos. Las lágrimas. Los placeres. Los brindis. Los besos. Los secretos. Todos y más son detalles que no deberían esperar. Dejemos de posponer, de esperar, de excusarnos. Somos esto. Lo que tenemos y lo que nos falta, lo que hacemos y lo que queremos hacer, lo que decimos y lo que callamos, lo que nos asusta y cómo lo enfrentamos. Somos lo que somos hoy y muta a cada momento, por eso busquemos ser lo que querríamos ser si nos tocara marcharnos ahora. Con cada instante que pasa estamos más cerca de un momento que no sabemos cuándo va a llegar, así que más vale estar en paz. En paz con nosotros por si nos toca, y en paz con el resto por si le toca a otro.

"Siempre" no es nada si no lo vivís hoy. El siempre está en la intensidad de cada momento. El siempre es una condición que se nos escapa de las manos. El siempre es la promesa de vivir cada momento como si fuera eterno; eterno y último. El siempre solo existe ahora. SIEMPRE ES HOY.