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miércoles, 22 de julio de 2015

Me hubiera ido tras él.

Escuchaba aquella voz en cualquier lugar. Ni siquiera estoy segura si era su voz o sólo una sensación. Aunque a esta altura dudaba incluso si era mi propia imaginación. Me gustaba oírla. Su voz me gustaba inclusive más que la música, me gustaba más que el sonido de las olas, más que el del viento al ir en moto. Su voz acariciaba mis sentidos. Pero no era únicamente su voz, también estaba obsesionada con sus palabras, todo lo que salía de su boca me ponía la piel de gallina. Me curaba y me sanaba en tan solo un par de frases. Al principio supe manejar todo aquello que me decía, sabía exactamente cómo hacer que él me dijera lo que yo quería oír. Y todo fue tan fácil ¡Ay tan fácil que no me percaté cuando empezó!

Sentía sus pasos tras los míos a lo largo de cualquier camino. Con frecuencia me volteaba para asegurarme si no era él, o alguien más. Pero ahí estaban, sus pasos estaban pero él no. Siempre tras de mí, lo bastante lejos para cuidarme las espaldas, lo bastante cerca para cuidarme el corazón. En aquel entonces me gustaba esa compañía, no me sentía sola. Sin embargo, aquella soledad comenzó a ahogarme si comprobaba que no estaba, así que solo empecé a caminar sintiéndolo pero sin darme la vuelta.

Todas las sensaciones eran recuerdos. Todos aquellos inventos de mi imaginación me seguían constantemente. Quizás no eran inventos y eran su fantasma. Tal vez sólo eran confusiones de realidades. Puede que mi cabeza estuviera manipulando la realidad para hacerme creer lo que quería. Estaba plenamente confundida, estaba totalmente perdida en alguna realidad ajena, estaba desquiciada por encontrar todo lo que él me había dejado, por conservarlo y atarme a ello. Estaba locamente enamorada de aquello que me había hecho sentir.

De todas maneras, lo estuve y ya no. El tiempo lo fue matando en mi memoria, cada vez podía oír su voz menos clara y sus pasos eran más lejanos, su olor era menos perceptible y todo lo que yo sentía, cada vez lo sentía menos. Mi risa con su risa habían quedado olvidadas. Nadie me llevaba a la calma, nadie y mucho menos su recuerdo ¡Ay de mí cuando lo perdí! Y así, momento tras momento (que no atino a acertar cuánto tiempo duraba un momento) fue yéndose no él sino su fantasma, su ficticia presencia y con él mis ganas, con él mis fuerzas, con él yo. Me hubiera ido tras él una y mil veces, antes, ahora y mañana. Me hubiera ido tras él desde el comienzo y hasta el final. Me hubiera ido tras de él, como lo hice.

Y no habría nadie de preocuparse por mí. No estoy perdida, no lo estoy porque él siempre me guía, siempre lo hizo y aún ahora. Es mi cuerpo ausente el que genera interrogantes, pero yo aprendí, él me enseñó, que no era vacío el cuerpo sin alma, sino el alma sin amor. Amar es vivir y mi alma lo eligió.


¡Ay de mí sin él! Locura divina era verlo brillar. No hubiera querido ver otra luz en mi vida que la que vi en él.


viernes, 17 de julio de 2015

PROPERTY OF SOCIETY.


Hay palabras que las nenas no pueden usar, el fútbol es para varones,  las mujeres debemos desnudarnos ante quienes lo merezcan porque quien se acuesta con más de hombre es una puta, las niñas van de rosa y bien tapaditas, que si provoca, lo que le pase ella se lo buscó. Por favor mujeres vistan talle único, te quieren con curvas pero sin panza ni kilos de más. Cuando las jóvenes salgan no usen tacos muy altos que son de prostituta, pero tampoco zapatos bajos como los niños, no usen polleras muy cortas porque son de buscona, pero tampoco muy largas porque entonces significará que no se saben vestir, no se pongan demasiado maquillaje que parecerán travestis pero no vayan sin maquillar porque estarán poco atractivas, no sean insoportablemente histéricas, tampoco sean fáciles, pero déjense ganar. Ese short es muy corto, esa remera muy escotada, ese tatuaje te queda mal, ese aro es de hombre, sonreí un poco, no camines así camina asá, trabajá para independizarte pero ocupate de la casa no olvides que sos mujer, ¿¡Cómo no sabes cocinar?! Tendrías que hacerle la comida a tu familia pero no comas con ellos ¡no vayas a engordar! Ay mujer, ay mujer, “mirate al espejo y querete” te dice la sociedad, la misma sociedad que cuando te aceptas te quiere cambiar.

A las mujeres nos trajeron al mundo al igual que los hombres pero las religiones dicen que éramos una costilla del hombre, o que somos objetos, o que no tenemos alma. Los medios nos venden como excelentes objetos de comercio, servimos para promocionar autos, programas de televisión, lavaplatos, alcohol y mientras algunos nos muestran como auténticos objetos sexuales que te podes ganar si te comes ese chicle, si te compras ese auto, si usas ese desodorante, otros nos muestran como excelentes amas de casa y responsables de la vida familiar. Tenemos que respetar reglas básicas de la feminidad pero también ser como los mejores amigos del hombre, nos quieren difíciles pero expertas sexuales, nos quieren provocando pero lo justo, no nos quieren exclusivas ni libres. ¿Qué nos están haciendo? ¿Y qué nos dejamos hacer?

No voy a caer en el extremismo de decir que los únicos culpables son ellos porque muchas veces fuimos cómplices. Hay personas de ambos sexos divirtiéndose en la balanza donde ellos pesan más que nosotras, hay personas de ambos sexos ganando millones gracias a la mujer usada como un producto, a la mujer expuesta y que cumple tan bien ese “rol” designado. No gracias, te agradezco pero yo prefiero ser libre. Prefiero ser mujer por el sexo que tengo y no volcarme a ese lugar que me otorga la sociedad, prefiero morir a manos de un enfermo por vestirme como me visto a vivir el resto de mis días bajo una túnica negra, prefiero defenderme, prefiero ser mujer hasta el punto que yo lo decida, y por mujer me refiero a lo que la naturaleza me dio y no a lo que la sociedad me impone.

Las mujeres no estamos por debajo de los hombres ni económicamente, ni físicamente, ni mentalmente. Las mujeres no somos las encargadas de los quehaceres del hogar. Las mujeres no debemos vernos siempre atractivas. Las mujeres no debemos  ser las únicas responsables de criar a un hijo. Las mujeres no debemos privarnos de expresar nuestras ideas ni que el sexo sea tabú. Las mujeres no somos un premio a conseguir ni una mascota a la que educar. Las mujeres nos vestimos como queremos y para nosotras, lo que le “provoca” al hombre está en su mente y no en la nuestra. Hombres, las mujeres venimos del  mismo lugar que ustedes, del vientre de una madre. Y cuando hablamos de todo aquello que la sociedad nos restringe y establece, hablamos de creencias milenarias, del lugar que ocupábamos y no deberíamos ocupar más. De lo que querían que fuéramos y muchas de nosotras se rebelaron para no ser. ¿Podemos entonces por favor dejar de clasificarnos entre nosotras? ¿Podemos respetarnos entre el mismo sexo? No podemos buscar la compresión en ellos si primero no nos entendemos entre nosotras. ¿Pueden entonces ustedes dejar de cosificarnos? ¿Pueden por favor dejar de juzgarnos, y adjudicarnos lo que debemos y no hacer como “Mujeres”? 

Y respetarnos no es decir “ni una menos” y lavarse las manos. No nos respetas cuando te sentas en la mesa y esperas que nosotras la pongamos, y que también la levantemos y que también lavemos los platos. No nos respetas cuando te das vuelta para mirar un culo ni cuando nos tocas bocina. No nos respetas cuando decís “es rapidita, seguro entrega”. No nos respetas cuando te reís de que una parece un machito por cómo se ve. No nos respetas cuando te molesta nuestra opinión en el fútbol o pensas que por supuesto era una mujer la que manejaba. No nos respetas cuando te crees muy machito por tener muchas mujeres. No nos respetas pero querés que te respetemos. Te aprendiste tan bien lo que la sociedad te quiso hacer creer que tu lugar como macho es más importante que nuestro lugar como mujeres. Y a vos mujer machista, lo siento. Realmente lo siento porque te hayas creído todas las mentiras que te dijeron de vos misma, por haberte comido el papel que te dieron. Pero sobre todo lo siento por nosotras, las mujeres que no queremos ser sumisas, las que nos hacemos cargo de las críticas por intentar ser lo que queremos y no lo que nos pidieron.

Recuerden que razonable es el que tiene argumentos para sostener la razón. Y lo que la cultura diga no es argumento. Y lo que uno critica habla más de uno mismo que de lo que se critica en sí.


Un saludo a todos los que decidan reflexionar y cuestionarse. Y muchos deseos a nosotros, como sociedad, para que avancemos y evolucionemos.