Todo eso queda. En la piel llevamos las cicatrices bien
marcadas, como también adentro nuestro. Heridos y curados, guerreros de
nuestras propias batallas y ganadores de nuestros propios triunfos nos corresponde
por tanto asumir las consecuencias de los pasos dados y la responsabilidad de
los que daremos.
Los abrazos tibios, las palabras sin contenido, los gritos
mudos, las compañías ausentes, las ayudas interesadas, las sonrisas forzadas,
los dolores guardados y todo aquello que no sirve, toda esa basura figurativa
no ayudó y no ayudará a encontrar lo verdadero. Fueron, alguna que otra vez,
nuestros consuelos vanos para mentirnos
al corazón, pero éste, corajudo y
exigente golpea las paredes para hacernos saber lo verdadero de la verdad. El
amor tiene que ser cálido, la felicidad brillante, la pureza limpia y la
plenitud de esas sensaciones debe inundarlo todo.
Y nos vamos perdiendo y encontrando en los caminos tan
diversos, nos vamos tropezando con lo que queríamos y ya no queremos, con lo
que perdimos y extrañamos, con lo que fuimos pero no somos, con lo que debería
haber sido y no fue. Nos vamos encontrando, sobre todo, con lo que nos emerge
desde dentro, con lo que somos así nos guste o no, con lo que sentimos, así lo
elijamos o no.
No es fácil, aunque lo parezca, armar los caminos. Siempre
el peso de lo racional y lo instintivo está presente batallando por las
elecciones ¡Si será un placer cuando se fusionan! Pero cuando esto no sucede
entonces es el momento de elegir corazón o cabeza. Nos vamos así armando, nos
vamos conociendo y desconociendo, la incertidumbre nos vislumbra y dificulta la
visión ¿Qué pasaría si…? Y avanzamos. Pasito a pasito, construyendo, solos o
acompañados, el camino que transitamos, la vida que elegimos, lo que nos toca y lo que decidimos hacer con
ello.
Apenas sepa quizás alguien que transitó tan poco, tan
extraño y enredado pero corto camino. O quizás te sorprenda, que ese alguien,
arremetiendo contra paredes porque así el corazón lo quiso haya entendido que
los pasos hacia lo puro, lo sincero, lo pleno, los dicta el corazón. Un poco
loco, apenas racional pero apasionado. Vívido de sentimientos, hambriento de
sensaciones, me guía detrás de lo que quiero, mientras la cabeza, muy insistente,
le aconseja lo que debería. Y con esos dos consejeros, haciendo hincapié
siempre en el primero, voy siendo.
[Una vez, frente a una
situación en la cual el corazón me empujaba con fuerza exagerada pero la razón
asustada me gritaba que me aleje, un buen alma me dijo que me deje llevar. Que
no atienda a los motivos que me asustaban, que ignorara los problemas que
acarreaba aquella situación y me guiara por lo que sentía, que si eso quería
por algo era y tenía que intentar, que probar, que no debían frenarme toda esa
junta de problemáticas que veía]
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