Clear your mind
miércoles, 17 de junio de 2015
martes, 9 de junio de 2015
"Se hace camino al andar" escribió Machado...
Todo eso queda. En la piel llevamos las cicatrices bien
marcadas, como también adentro nuestro. Heridos y curados, guerreros de
nuestras propias batallas y ganadores de nuestros propios triunfos nos corresponde
por tanto asumir las consecuencias de los pasos dados y la responsabilidad de
los que daremos.
Los abrazos tibios, las palabras sin contenido, los gritos
mudos, las compañías ausentes, las ayudas interesadas, las sonrisas forzadas,
los dolores guardados y todo aquello que no sirve, toda esa basura figurativa
no ayudó y no ayudará a encontrar lo verdadero. Fueron, alguna que otra vez,
nuestros consuelos vanos para mentirnos
al corazón, pero éste, corajudo y
exigente golpea las paredes para hacernos saber lo verdadero de la verdad. El
amor tiene que ser cálido, la felicidad brillante, la pureza limpia y la
plenitud de esas sensaciones debe inundarlo todo.
Y nos vamos perdiendo y encontrando en los caminos tan
diversos, nos vamos tropezando con lo que queríamos y ya no queremos, con lo
que perdimos y extrañamos, con lo que fuimos pero no somos, con lo que debería
haber sido y no fue. Nos vamos encontrando, sobre todo, con lo que nos emerge
desde dentro, con lo que somos así nos guste o no, con lo que sentimos, así lo
elijamos o no.
No es fácil, aunque lo parezca, armar los caminos. Siempre
el peso de lo racional y lo instintivo está presente batallando por las
elecciones ¡Si será un placer cuando se fusionan! Pero cuando esto no sucede
entonces es el momento de elegir corazón o cabeza. Nos vamos así armando, nos
vamos conociendo y desconociendo, la incertidumbre nos vislumbra y dificulta la
visión ¿Qué pasaría si…? Y avanzamos. Pasito a pasito, construyendo, solos o
acompañados, el camino que transitamos, la vida que elegimos, lo que nos toca y lo que decidimos hacer con
ello.
Apenas sepa quizás alguien que transitó tan poco, tan
extraño y enredado pero corto camino. O quizás te sorprenda, que ese alguien,
arremetiendo contra paredes porque así el corazón lo quiso haya entendido que
los pasos hacia lo puro, lo sincero, lo pleno, los dicta el corazón. Un poco
loco, apenas racional pero apasionado. Vívido de sentimientos, hambriento de
sensaciones, me guía detrás de lo que quiero, mientras la cabeza, muy insistente,
le aconseja lo que debería. Y con esos dos consejeros, haciendo hincapié
siempre en el primero, voy siendo.
[Una vez, frente a una
situación en la cual el corazón me empujaba con fuerza exagerada pero la razón
asustada me gritaba que me aleje, un buen alma me dijo que me deje llevar. Que
no atienda a los motivos que me asustaban, que ignorara los problemas que
acarreaba aquella situación y me guiara por lo que sentía, que si eso quería
por algo era y tenía que intentar, que probar, que no debían frenarme toda esa
junta de problemáticas que veía]
martes, 2 de junio de 2015
domingo, 31 de mayo de 2015
La piedra.
No creo saber a qué esté atado y quien lo designe. Y me
reservo mis teorías para no entremezclar las propias creencias con lo real,
pero, puedo asegurar que uno se tropieza con la piedra hasta que aprende.
Los pasos que nos llevan hasta las piedras son tan
personales como inconscientes. Con miedo o sin él, dudosos o decididos, nos
paramos frente al camino, paso a paso. “Un tropezón no es caída” nos consuelan
la primera vez. Algunos toman esa experiencia como un aprendizaje al primer
error y continúan incluso con raspones en las rodillas. Otros caemos de manera
estrepitosa intentando frenarnos con las manos (Hagas lo que hagas, levantate).
Sólo con el dolor de la caída pudimos notar la presencia de aquella piedra y
muy confiados damos pasos firmes para seguir. La misma piedra, la caída un poco
más fuerte, un golpe que resuena (adentro, donde están los sentimientos).
Preguntarse a uno mismo puede atemorizar, es más fácil jurar un nunca más y
levantarse tembloroso. Pero el paso es más dificultoso, la piedra más grande,
las piernas más torpes, los ojos ciegos y ya la caída parece voluntaria. Un
poco ese dolor que sentimos lo padecemos, y otro poco lo apreciamos. ¿Qué está
tan bien aquel mal que no podemos (o queremos) seguir? ¿Acaso tenemos anudada
la piedra a los pies?
Siempre hay voces, conciencias que no son la nuestra, que
nos quieren ayudar, manos voluntarias que nos levantan, brazos que nos
abrazan mientras nos secan cuidadosas las lágrimas. Y nosotros, enceguecidos,
lastimados, furiosos (con nosotros mismos) vacilamos y avanzamos. ¡Qué gran
soberbia! ¡Qué gran error! Nos atrevemos a avanzar sin enfrentar la pregunta
interior. Por supuesto, somos más fuertes. Por supuesto, caemos mejor. Pero
caemos, al fin. ¿Qué más le falta a este lacerado cuerpo sufrir para cuidarse?
¿Qué buscan estas ilusiones ciegas encontrar en el fondo del suelo al tropezar?
¿Qué están intentando estas ganas de fallar siempre igual? Con sollozos
caprichosos no se va a solucionar. Seguir sangrando por la herida no nos va a
curar. Para verlo primero hay que reconocerlo, para aprenderlo hay que
padecerlo.
Un poco locos, asustados, quebrados y con el orgullo herido
lo enfrentamos, la pregunta ¿Por qué apostamos por una piedra que no nos da un
lugar firme en el que pisar?
La respuesta es tuya. Es mía. Es suya. Es propia. No importa
qué ojos la vean si son los nuestros los que la deben aceptar. Algunos cobardes
acotan “la verdad duele”, deberían saber que más duele tropezarse con la
mentira una y otra vez.
No lo niego más, ya no vuelvo a tropezar. Esta batalla no la
gané, la aprendí. De esta guerra me llevo las heridas como lecciones de la vida.
No me asusta volver a errar, pero no vuelvo en esta vida a chocar contra esa
piedra, ya muy chica, ya muy obvia, ya muy resentida. Que vengan otros tiempos,
otros errores y otros aciertos. Que me jueguen las cartas del azar. Con el
cuerpo encogido de dolor, los ojos todavía húmedos de llorar, me voy, entendí
que se puede seguir el camino, se puede ver cuando uno decide mirar, se puede
enfrentar cuando se tiene el coraje suficiente de saber la verdad.
Los fallos
son nuestros, propios, seguirá tropezando quien vea culpable a la piedra.
La piedra no se va a mover de su lugar, no se va a achicar
para dejarte pasar, no va a cambiar para dejar de ser piedra. La piedra solo es
la experiencia que te va a quedar.
Te tropezarás, me dijo la vida, tantas veces como sean
necesarias para que entiendas qué grande sos y qué chica es la piedra.
miércoles, 13 de mayo de 2015
Que no se te vaya la vida.
Una alarma que suena a las 6am, un cuerpo cansado del día
anterior, ganas ausentes de empezar la rutina, un frío que amenaza desde el
otro lado de la ventana. No quiero.
Horas y horas, agotamiento, viaje, gente, esfuerzo, pensar,
hacer, hambre, sueño, y después de todo al fin en casa. Pero por supuesto nunca
termina ahí, siempre queda algo por hacer, siempre un poco más de estudio, un
poco más de trabajo, ojos cansados que intentan organizar ideas con un café que
te mantiene despierto.
¿Y la balanza? ¿Y el equilibrio? La vida es esforzarse y
también disfrutar. Trabajar y descansar. Despertarse y dormir. Llorar y reír.
Me confundí aquellas veces que dejé que todo el peso se fuera de un lado, sea
cual sea. La fiesta, la noche, los amigos, el alcohol, el tiempo libre, las
vacaciones, las risas, la comida, ir de acá para allá buscando más diversión,
todo eso se idealiza más de lo que se debería. Pero un título, un trabajo, unas
notas excelentes, una corbata, un horario estricto con comidas estrictas con
caras serias, papeleo importante y poco descanso parece ser “más digno”.
Caminar “siendo alguien” presumiendo de responsabilidades y alardeando de
cuánto cansa tener una vida tan agitada parece ser muy bien visto. No
confundamos, la dedicación por el deber y la dedicación por las ganas no es lo
mismo. Y ahora resulta que somos el título que tenemos, o sos un licenciado
o sos un analfabeto. Resulta que o sos el jefe o sos un empleadito. Parece que sos
un vago que estudia a la tarde cerca de casa o sos un excelente estudiante que
se va hasta la loma del culo en hora pico. Porque por supuesto es muy fácil
clasificar, es muy fácil encasillar a las personas pero al parecer valen más
los logros que los esfuerzos, vale más incluso el costo del esfuerzo que lo que
seas como persona.
Me i m p r e s i o n
a. Y lo digo de esta manera porque conozco muchas personas que me
encuadraron, o encuadraron a otros. ¿Qué nos pasa? ¿Acaso valemos tan poco que
tenemos que presentar un título para asegurarnos de ello? Perdimos la noción de
lo que nos gusta y ahora nos dedicamos a “lo que nos conviene” ¿QUIÉN dice lo
que nos conviene? ¿Nos conviene ser felices o ser ricos? ¿Nos conviene ser conocidos por
los demás o conocernos a nosotros mismos? Y no, con ello no quito valor
a estudiar, no digo que yo no rechace una salida un sábado porque tengo que rendir,
o bien me gustaría cantar, sí, y aún así no me dedico a eso porque soy
consciente que no es lo mío y como se suele decir “me cagaría de hambre”. No
por todo es poco importante educarse, al contrario, me parece que la educación
es clave para crecer como sociedad. Pero veamos hacia donde orientamos la
educación, si a la formación como personas o a la formación como trabajadores.
Hay que enseñar, no estructurar, hay que explicar el porqué y no imponer. Y hay
que plantearse lo que uno quiere para equilibrar su balanza. Quizás estés
trabajando demasiadas horas extras para llegar a fin de mes para comprarte esas
botas que te gustan y ups! ni siquiera tenes tiempo de usar las botas.
Parate frente a tus proyectos y elegí las maneras. Siempre
van a conllevar algún esfuerzo, algún sacrificio, pero por lo mismo deberían
aportarte felicidad, y calma. Porque vida son todas las horas, las malas y las
buenas, no deberíamos tener ganas de vivir solo unas pocas. Trabajar, estudiar,
no deberían ser sufrimientos a pasar. Y cuestionate si haces lo que haces
porque querés o porque debes. Nadie más que vos mismo va a
vivir tu vida, no hay una publicidad que sepa lo que a vos te divierte, no hay
una universidad que sepa lo que a vos te interesa ni un test vocacional que
pueda definirte. Si es tu vida, entonces vivila vos, decidila y aprovechala.
jueves, 30 de abril de 2015
Música, amor y alegría.
La música, el amor y la alegría son, para mí, los mejores
regalos que me puedan hacer.
Después de haber tenido mucho frío en compañía. Después de
haberme lastimado las rodillas arrastrándome. Después de haber llorado de
indignación. Después de que los puños me sangraran por golpear las paredes.
Después de gritar para escuchar al menos mi eco. Después de haber huido
asustada de las críticas. Después de esconder la cara entre las manos para no
ver. Después de que me apagaran las luces. Recién después de haberlo padecido,
lo pude pisar y achicar. Pude apartar de mi vida lo que no quería y avanzar.
(Un paso hacia la felicidad)
Probé caminos y personas, no escatimé en sensaciones, y sin
embargo, me hizo falta ser y vivir aquello que no quería para comprender lo que
quería. Metáfora en esta vida es que hoy lo malo me parezcan ríos y lo bueno
mares. Navegar por esos ríos, fluir con lo malo para luego desembocar en el mar
de lo bueno. Que duela y que arda, pero crecí. Gracias a ello hoy veo lo que
más me gusta dar. Y recibir.
Que sea música.
Me toca la esencia, siento que recorre mis venas inundando por completo mi
interior. Nunca me cansa, nunca me agota.
Escucharla mirando a los ojos a quien me la regala roza lo irreal, es
como si pudiera vivir esa otra vida y entender lo que quiere decir con una
melodía. Bendita la música, siempre pensé que era el mejor invento del hombre.
Y probablemente no importe el estilo, no importe de quien venga, probablemente
lo único importante sea conectarse con lo que transmite, lo que provoca. Para
mí, alguien que me regala música, me da paz, me habla y escucha sin que las
palabras sean necesarias, me invita a viajar con la mente.
Que sea amor.
El amor es energía. Y como tal, fluye. Ni se crea ni se destruye, se
transforma. El amor está en la vida, no es alguien, no es algo, amor no es
necesariamente “pareja” ni “sexo”. Amor es un gesto, un perdón, un esfuerzo por
el otro, una sonrisa sincera, un abrazo después de extrañar. El amor te llena,
por momentos, porque eso es el amor, momentos. El amor se siente y se comparte.
Ni se mendiga ni si niega, surge sincero y sin dirección, darlo cuesta tan poco
que quedárselo se vuelve explosivo. Y para mí, alguien que me da amor, es alguien
que me cura un poquito el corazón.
Que sea alegría.
Y fuera los dolores y problemas, fuera lo que te arrebata la sonrisa ¡Vaya si
alivia la alegría! Los rostros de felicidad son algo digno de ver, y ojalá se
vieran más seguido. [Más risas de esas que te dejan sin aire] Me alivia la
vida, le da otro enfoque. La alegría viene y va, yo intento agarrarla bien fuerte
pa' que no se me escape. ¡Ay alegría! El que la regala, digno sea de mis
gracias que no me caben en palabras. Quien me da alegría, me regala vida, me
regala ganas.
Por eso y porque no alcanzo a explicarlo. La música, el amor
y la alegría hay que sentirlos en carne propia, hay que vivirlos para
apreciarlos. Yo conocí, con ellos, lo que creo es Felicidad. Una sonrisa muy
grande para todos los que me fueron dando esos regalos. Y yo no sé si con una
sonrisa sea suficiente, pero para no ser egoísta siempre intento dar un poco de
música. O alegría. O amor.
Esa energía merece fluir. Dar y recibir.
Pobreza es no tenerlos. Y no darlos. También intento
merecerlos, porque cambiaría todo lo material que tengo por la música, la alegría
o el amor.
Puede, incluso, que el camino que estoy siguiente no tenga
más final que esas energías. Porque, me pregunto, ¿Qué luz hay en la vida no
habiendo música, ni amor, ni alegría?
sábado, 25 de abril de 2015
" I think, I think when it's all over, it just comes back in
flashes, you know? It's like a kaleidoscope of memories, it
just all comes back, but he never does.
I think part of me knew the second I saw him that this would
happen. It's not really anything he said, or anything he did.
It was the feeling that came along with it, and craziest thing
is I don't know if I'm ever gonna feel that way again, but I
don't know if I should.
I knew his world moved too fast, and burned too bright, but I
just thought, how can the devil be pulling you toward
someone who looks... so much like an angel when he smiles
at you. Maybe he knew that when he saw me.
I guess I just lost my balance. I think that the worst part of
it all wasn't losing him, it was losing me. "
I know you were trouble - Taylor Swift
viernes, 24 de abril de 2015
Montaña rusa de sensaciones.
Lo particular de las montañas rusas es que todo es igual que la vez anterior y sin embargo, nunca lo sentimos así. Recuerdo las últimas veces, incluso la primera, tenía un miedo de aquellos, era un manojo de nervios y varias veces pensé en la excusa de que la fila estaba muy llena, así me iba. "¿Vale la pena pasar tanto miedo?" pensaba, "¿Y si termino sintiéndome mal?". Sola me daba cuerda a todos esos pensamientos inventando alguna excusa para escaparme. Indescriptible es el momento previo a mi turno, esa ronda de espera cuando sé que la próxima pasada es la mía. Un nudo en la panza y yo puro nervio, estoy jugadísima y no queda otra que subir ¡Carajo! Parece como si la gente se sentara más lento y todo fuera más largo e interminable. Pero al final me subo, son solo segundos, quizás algún minuto, sacudidas para arriba y para abajo, vueltas y velocidad al mango. Salgo toda loca y llena de adrenalina, siempre. Grité, me reí, me agarré a mi compañero y con los ojos bien abiertos no sabía controlar la emoción. Se me pasa el miedo y bajo incluso con ganas de subir otra vez.
Suplicando una vuelta más, siempre.
Como en la vida misma. Como sentir. Quizás sea tan amante de esa sensación porque es justamente donde me hallo. Mi vida es así y cuando no lo es, me gustaría que lo fuese. Yo misma incluso, sintiendo soy así, una loca de los extremos, las vueltas, las subidas y las bajadas. Muerta de miedo me subo y salgo siempre con ganas de más. No sé si fue tan bueno o en realidad lo lindo está en experimentar, en sentir como todo está perfecto y de repente te das un par de vueltas y no sabes ni dónde estás. Cabeza abajo, cabeza arriba, los brazos extendidos y gritando. Son unos instantes pero tienen la intensidad de todo y más.
Ahí está el sabor.
Con las personas y las cosas. Y las situaciones. Constantemente estoy buscando sentirme así, llevar esa emoción bien calada en la piel. Porque aunque admiro la estabilidad emocional, sentir de todo y muy fuerte me hace acordar cuan viva estoy. Vida es eso. Vida es sentir, lo malo y lo bueno. Sentir es intenso, tiene fuerza. Sentir te sube y te baja como elige y te lleva a donde sea. Sentir le da color a tus mejillas y te vuela un poco la melena. Sentir te hace alterar la sangre y dudar de vos mismo. Sentir es un riesgo que siempre vale la pena. Querer, asustarse, arriesgarse, dudar, arrepentirse, aferrarse, enloquecerse, amar, odiar, sufrir, llorar, gritar, olvidarse y renovarse, distenderse, alegrarse y querer más. Que venga lo bueno y también lo malo, que lo malo sirve para saber qué tan bueno es lo bueno.
Que sea con quien sea la travesía, que sea viva y loca, que sea de día y de noche, y que suba y que baje, y que me altere las sensaciones. Que me movilice. Supongo que no habrá nada más nocivo para la salud que vivir en mar calmo.
Calmame el alma si así lo podes, pero nunca dejes de moverme las emociones. Nunca dejes de alterarme los sentidos. Me siento más viva así. Me siento viva en la montaña rusa.
Suplicando una vuelta más, siempre.
Como en la vida misma. Como sentir. Quizás sea tan amante de esa sensación porque es justamente donde me hallo. Mi vida es así y cuando no lo es, me gustaría que lo fuese. Yo misma incluso, sintiendo soy así, una loca de los extremos, las vueltas, las subidas y las bajadas. Muerta de miedo me subo y salgo siempre con ganas de más. No sé si fue tan bueno o en realidad lo lindo está en experimentar, en sentir como todo está perfecto y de repente te das un par de vueltas y no sabes ni dónde estás. Cabeza abajo, cabeza arriba, los brazos extendidos y gritando. Son unos instantes pero tienen la intensidad de todo y más.
Ahí está el sabor.
Con las personas y las cosas. Y las situaciones. Constantemente estoy buscando sentirme así, llevar esa emoción bien calada en la piel. Porque aunque admiro la estabilidad emocional, sentir de todo y muy fuerte me hace acordar cuan viva estoy. Vida es eso. Vida es sentir, lo malo y lo bueno. Sentir es intenso, tiene fuerza. Sentir te sube y te baja como elige y te lleva a donde sea. Sentir le da color a tus mejillas y te vuela un poco la melena. Sentir te hace alterar la sangre y dudar de vos mismo. Sentir es un riesgo que siempre vale la pena. Querer, asustarse, arriesgarse, dudar, arrepentirse, aferrarse, enloquecerse, amar, odiar, sufrir, llorar, gritar, olvidarse y renovarse, distenderse, alegrarse y querer más. Que venga lo bueno y también lo malo, que lo malo sirve para saber qué tan bueno es lo bueno.
Que sea con quien sea la travesía, que sea viva y loca, que sea de día y de noche, y que suba y que baje, y que me altere las sensaciones. Que me movilice. Supongo que no habrá nada más nocivo para la salud que vivir en mar calmo.
Calmame el alma si así lo podes, pero nunca dejes de moverme las emociones. Nunca dejes de alterarme los sentidos. Me siento más viva así. Me siento viva en la montaña rusa.
viernes, 17 de abril de 2015
lunes, 13 de abril de 2015
De sentir(te) no dejo.
Te miro y me siento. Me encuentro. No quieras atarme que a
veces me pierdo. A veces te quiero y a veces te olvido. Yo corro en el tiempo,
me siento a la espera de alguna mañana que llueva esperanza. Y verte me quema y
no verte me araña. En el silencio sofocante puedo oír una voz, un eco de
alegría esfumado, un grito al amor que te llevaste, que me vaciaste, entonces
entiendo porqué me llenaste. Y si eso es el amor, sea justo el sufrimiento, si
por querer tanto se paga con soledad encarnada en sentimientos. No se trataba
de tu mano, vos me dabas tu corazón, vos me tocabas el alma, vos curabas el
dolor. Y hoy. Hoy te llevo de estaca, de semblante, de piel y de recuerdo. Te
veo en cada mirada. Mi piel se escapa temerosa a otras pieles que no sean la
tuya, ¡Si Dios supiese cómo me hacías sentir estaría incendiándome en el
infierno! Y vaya, quizás esto sea como el infierno. Quizás vos seas mi mayor
demonio. Quizás tu sombra haya borrado las luces de una vida ya poco iluminada.
Y entonces corro, desaparezco, le huyo, le entiendo pero no quiero caer de
nuevo. No quiero sufrir más, no quiero amar más tu desierto, no quiero perderme
en este abandono ni quedarme en tu presencia. No puedo sino respirar tu perfume
y ahogarme en sollozos de penas perdidas, ganadas, penas arrebatadoras de
sonrisas. Enfrente te observo. Me miras. Te miro. Mis manos buscan alcanzarte y
no llegan nunca. Como antes, igual que ahora. Siempre corría en tu dirección
perdiendo tu silueta en el horizonte, lloraba carcajadas cuando te extrañaba,
frenaba y esperaba paciente que me vuelvas a abrazar. Y ya no más ¿Qué sigue
ahora? ¿Qué se le sucede a la más cruel de las agonías? ¿Qué se le sucede a la
más bella fría de las compañías? ¿Qué se le sucede a lo que fue vida? Y entre
tantas incógnitas le pregunto al universo si tu cuerpo es un ente o es la misma
energía, si tu vida es la mía y si veré la salida. Y sin embargo ¿Quiero salir?
¿Quiero irme? ¿Quiero escaparme? Abandonar tu recuerdo, sensación persecutoria,
amor puro omnipresente. Me hace gritar para poderme callar, me hace extrañar
para poder volverme a ver, me hace morir para luego resucitar, yo no estoy
segura que sea cariño o tortura, que sean heridas o curas, no estoy segura
siquiera que exista. Me pierdo de camino a tu cielo y termino en tu infierno,
termino en vos. Y vos. Impasible. Inalterable. Inalcanzable. Inescrutable. Vos
me observas desde el otro lado. Sos todo eso y más. Sos lo infinito, a tu lado
no conozco alguna otra eternidad. Y me transformas en todo lo que quería que fuéramos.
Y no fuimos. Ni podremos ser. Pero que intentamos. Hoy de nuevo, igual que
ayer. Y en cada día, todos los días. Con vos.
domingo, 5 de abril de 2015
La muerte y la vida. Y el hoy.
Últimamente escucho de muertes constantemente. Gente conocida y desconocida, gente quizás muy cercana pero siempre lo mismo. Llego a escribir esto quizás porque la muerte se convirtió en un pensamiento amigo, como un fantasma que me acompaña a donde vaya. "¡Qué horrible!" pensamos todos enseguida. Tomamos el final de algo como si fuese una tragedia y no queremos dejar fluir, ni aprender de ello, ni entenderlo como experiencia, ni siquiera valorar lo afortunados que fuimos por haber formado parte. Desde el momento en que llegamos a la vida estamos destinados a morir, nosotros y todos los que nos rodean. La muerte son instantes, la muerte es un paso hacia algo desconocido y sin embargo nos preocupa más que la vida en sí. La vida son días, meses, años. La vida es cuestión de elección mientras que a la muerte simplemente estas predestinado.
En cada persona que fallece siento un empujoncito en mi espalda para despertarme. Es un hecho que te muestra como es cuestión de azar y le toca a cualquiera. Las penas, los llantos, las broncas, hay que vivirlos, sentirlos, pero continuar. Es cuestión de caminar sin mochila para poder disfrutar el camino. ¿Cargar las culpas? ¿Cargar con lo que no dijiste? ¿Cargar con arrepentimientos? Más vale dejar esos pesos extras en cuanto sea posible y seguir avanzando con la conciencia limpia.
Las ganas, los proyectos, los deseos, las personas y encontrarte, están en cada momento. Los "mañana" no existen, los planes son siempre condicionales y los momentos pasajeros. El "que hubiera pasado si..." solo sirve para entender que la próxima deberíamos arriesgar. Tampoco deberíamos cargarnos de mil cosas materiales, no hacen más que pesar. Son mentiras que nos vendieron para hacernos creer que la felicidad se paga. Al final, cuando nos vayamos, nos van a recordar por lo que éramos, y no por lo que teníamos.
La alegría, tan efímera a veces, debería ser nuestro centro en torno al cual decidir. Elegir lo que nos hace feliz, lo que nos llena. Las personas con quienes compartimos tiempo deberían sacarnos sonrisas, al igual que las actividades a las que les entregamos parte de nuestra vida.
Tendríamos que respetarnos y respetar, entender que es nuestra elección lo que queremos vivir y asimismo es la elección del resto lo que quieran hacer.
Tendríamos que ser fábricas de proyectos, nunca dejar de soñar y movernos para cumplirlos. Las ganas de vivir están en cada deseo que te moviliza. La quietud lleva al aburrimiento y se convierte en una mochila, en un peso muerto en los pies que te estorba al caminar.
Los perdones. Los te quieros. Las gracias. Las sonrisas. Los abrazos. Las lágrimas. Los placeres. Los brindis. Los besos. Los secretos. Todos y más son detalles que no deberían esperar. Dejemos de posponer, de esperar, de excusarnos. Somos esto. Lo que tenemos y lo que nos falta, lo que hacemos y lo que queremos hacer, lo que decimos y lo que callamos, lo que nos asusta y cómo lo enfrentamos. Somos lo que somos hoy y muta a cada momento, por eso busquemos ser lo que querríamos ser si nos tocara marcharnos ahora. Con cada instante que pasa estamos más cerca de un momento que no sabemos cuándo va a llegar, así que más vale estar en paz. En paz con nosotros por si nos toca, y en paz con el resto por si le toca a otro.
"Siempre" no es nada si no lo vivís hoy. El siempre está en la intensidad de cada momento. El siempre es una condición que se nos escapa de las manos. El siempre es la promesa de vivir cada momento como si fuera eterno; eterno y último. El siempre solo existe ahora. SIEMPRE ES HOY.
En cada persona que fallece siento un empujoncito en mi espalda para despertarme. Es un hecho que te muestra como es cuestión de azar y le toca a cualquiera. Las penas, los llantos, las broncas, hay que vivirlos, sentirlos, pero continuar. Es cuestión de caminar sin mochila para poder disfrutar el camino. ¿Cargar las culpas? ¿Cargar con lo que no dijiste? ¿Cargar con arrepentimientos? Más vale dejar esos pesos extras en cuanto sea posible y seguir avanzando con la conciencia limpia.
Las ganas, los proyectos, los deseos, las personas y encontrarte, están en cada momento. Los "mañana" no existen, los planes son siempre condicionales y los momentos pasajeros. El "que hubiera pasado si..." solo sirve para entender que la próxima deberíamos arriesgar. Tampoco deberíamos cargarnos de mil cosas materiales, no hacen más que pesar. Son mentiras que nos vendieron para hacernos creer que la felicidad se paga. Al final, cuando nos vayamos, nos van a recordar por lo que éramos, y no por lo que teníamos.
La alegría, tan efímera a veces, debería ser nuestro centro en torno al cual decidir. Elegir lo que nos hace feliz, lo que nos llena. Las personas con quienes compartimos tiempo deberían sacarnos sonrisas, al igual que las actividades a las que les entregamos parte de nuestra vida.
Tendríamos que respetarnos y respetar, entender que es nuestra elección lo que queremos vivir y asimismo es la elección del resto lo que quieran hacer.
Tendríamos que ser fábricas de proyectos, nunca dejar de soñar y movernos para cumplirlos. Las ganas de vivir están en cada deseo que te moviliza. La quietud lleva al aburrimiento y se convierte en una mochila, en un peso muerto en los pies que te estorba al caminar.
Los perdones. Los te quieros. Las gracias. Las sonrisas. Los abrazos. Las lágrimas. Los placeres. Los brindis. Los besos. Los secretos. Todos y más son detalles que no deberían esperar. Dejemos de posponer, de esperar, de excusarnos. Somos esto. Lo que tenemos y lo que nos falta, lo que hacemos y lo que queremos hacer, lo que decimos y lo que callamos, lo que nos asusta y cómo lo enfrentamos. Somos lo que somos hoy y muta a cada momento, por eso busquemos ser lo que querríamos ser si nos tocara marcharnos ahora. Con cada instante que pasa estamos más cerca de un momento que no sabemos cuándo va a llegar, así que más vale estar en paz. En paz con nosotros por si nos toca, y en paz con el resto por si le toca a otro.
"Siempre" no es nada si no lo vivís hoy. El siempre está en la intensidad de cada momento. El siempre es una condición que se nos escapa de las manos. El siempre es la promesa de vivir cada momento como si fuera eterno; eterno y último. El siempre solo existe ahora. SIEMPRE ES HOY.
domingo, 29 de marzo de 2015
Un cuerpo todoterreno.
Hoy, como normalmente, me quedé sumida en mis pensamientos,
colgada en momentos imaginarios. Fui y vine de vidas que no tengo con gente que
no conozco y en lugares que no estoy. Situada en un escenario un poco triste me
imaginé que tuviera un accidente y quedara paralítica de la cintura para abajo
¿Qué pasaría? Instantáneamente me vi llorando en un hospital desconsolada
porque no podría volver a caminar hasta la parada del colectivo, ni salir a
correr en la semana, ni ponerme de pie sola para hacer una fila, ni saltar y
jugar con mis perros, ni bailar desaforadamente con mis amigas, ni siquiera
intentar alcanzar a los piques el colectivo que se me va…
Fue tan solo un viaje imaginario porque en un momento estaba
de vuelta en la realidad. Por fortuna camino, veo, respiro bien, hablo,
escucho, bombeo sangre a todas partes, me funcionan todas las articulaciones y neuronas. Pero muchas veces lo
olvido. Y me sentí una idiota por todas las veces que me quejo de que no me
gustan mis piernas, “si fueran más flacas” “si fueran más largas” “si no
tuviera estrías”. Al menos tengo ambas piernas y funcionan, puedo usarlas para
correr carreras, para caminar por todos lados, dos piernas que se cansan de
tanto que las paseo y dos piernas que con todos sus defectos, me siguen
bancando el peso del cuerpo, que siguen respondiendo las órdenes del cerebro y
que aún agotadas se bancan el ritmo. Y eso es lo que muchas veces olvido, no me
doy cuenta de la suerte mía con este cuerpo, un poco gordito, un poco chiquito,
un poco de esto, un poco de lo otro pero un cuerpo cómodo para vivir. Unos ojos
que ven todo lo que la belleza del mundo nos regala, unos oídos que pueden
escuchar todas las canciones sin pausa ni prisa, una voz loca por hablar todo
el día y un pelo que aunque un poco rebelde, al menos me acompaña.
Tantas veces como nos lastimamos a nosotros mismos, tantas
veces como nos desvalorizamos y otras tantas
que queremos mudarnos a otro cuerpo. Siempre miramos para arriba, nos gustaría
ser más rubios, más altos, ojos más claros, espalda más ancha, un poco más de
culo y piel más morena. ¿Por qué no mirar para abajo? Hay personas que darían
lo que sea por tener un corazón que pueda aumentar un poco las pulsaciones sin
correr peligro, a otras les encantaría poder respirar sin dificultades, hay
otras personas que por una vez querrían comerse un plato entero de fideos sin
tener problemas después, otras tan solo querrían poder salir a la calle a
respirar un poco de nuestro aire contaminado, otras poder sentarse al sol y
algunas otras cantar aunque sea desafinadamente. Y estamos nosotros quejándonos
de boludeces, mientras que vos te quejas de que te cortaron mucho las puntas
hay gente con cáncer que se queda pelada, mientras vos te quejas que los
cigarrillos están muy caros hay gente que quisiera poder respirar sin llevar un
aparato colgando, mientras vos te quejas de que no queres estudiar hay gente
que no puede pensar con la misma facilidad que lo haría alguien de su edad,
entonces deja de quejarte y valora un poco, primero querete y después cuidate.
Pareciera como si necesitáramos llegar a un punto
extremo para ver que estábamos bien en el medio, y es bastante triste y
desagradecido por nuestra parte no sólo no ver la suerte que tenemos sino
encima quejarnos porque nuestro físico no es como el que soñamos. De acá a que
cada uno lo comprenda depende meramente de uno, a mí por mi parte me bastó con volar un
poco la imaginación. Ojalá no me pase, la desgracia te puede esperar a la
vuelta de la esquina pero si por las dudas mañana me toca vivir alguna
enfermedad jodida, yo hoy voy a aprovechar lo que tengo. No quiero perder
ninguna condición física sin haberla explotado antes.
El cuerpo es el instrumento que te permite interactuar con el mundo. No tiene que ser muy lindo sino muy útil.
viernes, 20 de marzo de 2015
Cortala con el miedo.
“ME DECIDÍ.”
Me parece una muy buena frase para resaltar, para
encabezado, para darle la importancia que corresponde. Si bien constantemente
estamos tomando decisiones (elegir comprarte chicles de menta en vez de
frutilla es una decisión) hay ciertas particularidades que hacen del “ME
DECIDÍ” una frase con mucha fuerza.
Esa cuestión que tenías adentro dándote vueltas, un problema
que te surge o una simple pregunta que no sabes responder son el pie para
decidir. Te miras las manos, miras al cielo, te mordes el labio, “Boludo qué
hago” te preguntas para adentro…Se terminó el día, te fuiste a dormir y cuando
estás en la cama empezas a dar vueltas de un lado para otro, “¿insomnio?” no,
no es insomnio, es esa duda que te está carcomiendo desde adentro, te estancó
las ideas y no te deja pensar en nada más que en eso. Siguiente día, no sólo
soñaste con ese tema sino que te levantaste pensando que tenes que solucionarlo
ya, sino te vas a volver loco. Sigue pasando el tiempo, según cada uno,
más o menos, pero seguís pensando en lo mismo constantemente, se lo comentas a
todo el mundo esperando el consejo que digas “Me iluminó”, pero ¿Te cuento
algo? Vos ya te decidiste. En el fondo vos sabes lo que vas a hacer, sabes la
respuesta y pedís consejo porque queres un justificativo, alguien que te dé el
empujoncito para avanzar. Desde que te surgió la pregunta sabes la respuesta
pero el miedo te está tapando los ojos. Dudas porque tenes miedo, te dan ese
consejo acertado y vos le explicas las contras porque queres asegurarte que no
sean tan malas.
Cortala. La vida es eso, jugar, arriesgar, ganar y
perder. La vida es una apuesta constante, la vida está hecha para los
valientes. Y voy a terminar con ese mito de que cuando apostas podes perder o
ganar, nunca se pierde. Si ganas es
porque las cosas salieron bien, como querías, pero si por el contrario las
cosas salieron mal, distintas a lo que buscabas, no perdiste. Alguien que
apuesta jamás pierde porque está decidiéndose a hacer lo que realmente quiere,
ese acto de valentía ya es una victoria, es tener el coraje que hace falta para
jugarte todo a una carta y la persona que hace eso nunca va a ser un perdedor. “ME
DECIDí” dije yo cuando me dieron el consejo ganador, cuando de todos
los consejos, yo misma tuve la valentía de afrontar lo que en fondo estaba
queriendo. Y ya soy feliz. Todavía no arranqué ese proyecto al que tengo que
enfrentarme, todavía no puse todo en juego y ya me siento una ganadora. Tengo
infinitas posibilidades de que me salga mal lo que planeo, de que las cosas no
se den como me las imagino y que se me caiga encima esa ilusión, pero no me
importa. La vida es hoy, por
momentos hay que dejar de pensar en ese futuro que te estás armando tan
perfecto y lo que queres vivir dentro de unos años cuando te recibas, cuando
consigas el trabajo, cuando
tengas ese novio, cuando viajes a ese lugar porque todo lo que tenes es ahora.
Por supuesto una infinidad de proyectos son para llegar a la meta en un futuro,
pero no te olvides de disfrutarlo día a día, de abrazar ese proyecto entre
manos que tantas gotas de sudor te está sacando, no te olvides que tenes que
sonreír ahora, ahora que podes sonreír porque nada te asegura que vas a estar
mañana para hacerlo.
Cometé locuras. Arriesgate. Pone la mano en el fuego. Jugatela.
Dale impulso. ¿Qué importa? El miedo debería ser un motor, no una piedra en el
camino. Los inteligentes saben aprovechar ese miedo y convertirlo en ganas, si
tu desafío no te asusta entonces no es un desafío. Si no corres peligro,
entonces no vas a ser locamente feliz con la recompensa. Yo, si llego a vieja,
quiero mirar atrás y ver el camino con traspiés, cambios de sentido, giros,
choques y saltos. Quiero sentir que viví intensamente, que hice lo que quería y
no lo que me daba seguridad. Quiero sentir que valió la pena, porque ese camino
llano sin arriesgar demasiado seguro te lleva bien a destino pero no te va a
alterar los sentidos, no vas a vivir lo más horrible pero tampoco vas a conocer
lo más bello. Entonces deja de darle vueltas al asunto y decidite. Y si sale
mal, en realidad, nunca nada es tan malo como parece. Somos esencias llenas de una increíble energía, o explotas esa
energía o te explota la esencia.
Y si queres contradecirme solo necesito la respuesta a cuál
es la gracia de vivir una vida llana y aburrida. Una vida segura, tan segura
del principio como del final.
lunes, 16 de marzo de 2015
Una sociedad contaminada.
Miedo, indignación, incredulidad, bronca, impotencia, tristeza. ¿Hasta cuándo? ¿Qué está pasando?
Vivo en un lugar donde salir a la calle siempre se acompaña del "tené cuidado", donde la tranquilidad no está ni en casa, ni por nosotros ni por lo demás.
Tenes que salir con la cartera bien agarrada por miedo a que te roben, con el cuerpo bien tapado por miedo a que te violen, por zonas seguras y a horas adecuadas por miedo a que te roben, violen, secuestren y/o asesinen pero ¿Saben qué? Aún así sigue pasando. Pasa porque hay una parte de la sociedad enferma, con una mente retorcida y una basura donde debería tener el corazón. Sigue pasando porque a esa parte de la sociedad no se la castiga como debería (en las ocasiones que afortunadamente se la castiga). Intentamos perdonar y creer que esa maldad se limpia con el paso de los años encerrándola en una prisión. NO. El que asesina no debería tener más derechos que el asesinado. Se toman más consideraciones por los atacantes que por las víctimas, y como sociedad lo estamos permitiendo, estamos educando para cuidarnos en vez de educar para no atacar, estamos culpando al que no tomó las medidas de seguridad en vez de al que saltó las leyes.
Un claro ejemplo fue cuando surgieron "los linchamientos", eso no es más que el reflejo de una sociedad asustada que tiene que salir a defenderse por mano propia, una sociedad desprotegida donde la ley cuida (en otro ejemplo) a un motochorro frente a un turista. ¿En qué estamos pensando? La justicia no debería ser un privilegio sino un seguro.
Hay que parar de JUSTIFICAR las violaciones por la vestimenta. En primer lugar, en muchos casos la ropa ni siquiera es provocativa. Y en los casos que lo es, puedo asegurar, que la mujer puede buscar provocar muchas cosas pero jamás de los jamases una violación. SOMOS LIBRES DE VESTIRNOS COMO QUEREMOS Y NADIE NUNCA BUSCA "PROVOCAR" UNA VIOLACIÓN. Hay que parar de JUSTIFICAR los robos porque era una hora insegura, o un lugar inseguro, o porque llevabas un celular en la mano. Lo que es tuyo es tuyo y nadie tiene el derecho de sacártelo porque sí. No se pueden justificar los crímenes porque son un atentado contra los derechos, y esto es lo que muchos no saben ver hasta que le toca a alguien cercano.
Hay que proteger a la sociedad, no entender al que la agrede.
Se volvió moneda corriente agradecer porque te robaron "pero al menos no te hicieron nada..." ¿Qué monstruos están viviendo en nuestra sociedad? ¿Por qué nos volvimos tan conformistas? ¿Dónde está el Estado?
No nos podemos quedar tranquilos ni siquiera en nuestras casas porque ENTRAN IGUAL. Si salimos sin dinero y nos quieren robar NOS LASTIMAN POR NO TENER NADA. Vivimos con miedo porque nadie está a salvo, te diste media vuelta y mataron a quien tenías al lado.
Nos acostumbramos a vivir preocupados porque si no nos atienden el teléfono nos preguntamos si les habrá pasado algo. A vivir desconfiados de cualquier desconocido que se nos acerque en la calle. Vivimos en una guerra de todos contra todos preparados para salir corriendo o atacar. Nos mantenemos inmunes cuando escuchamos casos ajenas y somos capaces de verlo únicamente cuando es alguien cercano.
Porque hoy le pasa a él/ella y mañana te puede pasar a vos, o a mí. Dejemos de buscar el porqué le sucedió y busquemos quién lo hizo para poder avanzar, como sociedad y como personas.
Una sociedad no se construye sola, es el resultado de cómo el Estado la educa y la cuida. Entonces empecemos a exigir más, a no conformarnos porque "al menos..." BASTA. Somos personas y tenemos derechos que deben ser respetados y garantizados.
Y para que los otros mejoren debemos mejorar nosotros mismos. Se enseña con el ejemplo.
Vivo en un lugar donde salir a la calle siempre se acompaña del "tené cuidado", donde la tranquilidad no está ni en casa, ni por nosotros ni por lo demás.
Tenes que salir con la cartera bien agarrada por miedo a que te roben, con el cuerpo bien tapado por miedo a que te violen, por zonas seguras y a horas adecuadas por miedo a que te roben, violen, secuestren y/o asesinen pero ¿Saben qué? Aún así sigue pasando. Pasa porque hay una parte de la sociedad enferma, con una mente retorcida y una basura donde debería tener el corazón. Sigue pasando porque a esa parte de la sociedad no se la castiga como debería (en las ocasiones que afortunadamente se la castiga). Intentamos perdonar y creer que esa maldad se limpia con el paso de los años encerrándola en una prisión. NO. El que asesina no debería tener más derechos que el asesinado. Se toman más consideraciones por los atacantes que por las víctimas, y como sociedad lo estamos permitiendo, estamos educando para cuidarnos en vez de educar para no atacar, estamos culpando al que no tomó las medidas de seguridad en vez de al que saltó las leyes.
Un claro ejemplo fue cuando surgieron "los linchamientos", eso no es más que el reflejo de una sociedad asustada que tiene que salir a defenderse por mano propia, una sociedad desprotegida donde la ley cuida (en otro ejemplo) a un motochorro frente a un turista. ¿En qué estamos pensando? La justicia no debería ser un privilegio sino un seguro.
Hay que parar de JUSTIFICAR las violaciones por la vestimenta. En primer lugar, en muchos casos la ropa ni siquiera es provocativa. Y en los casos que lo es, puedo asegurar, que la mujer puede buscar provocar muchas cosas pero jamás de los jamases una violación. SOMOS LIBRES DE VESTIRNOS COMO QUEREMOS Y NADIE NUNCA BUSCA "PROVOCAR" UNA VIOLACIÓN. Hay que parar de JUSTIFICAR los robos porque era una hora insegura, o un lugar inseguro, o porque llevabas un celular en la mano. Lo que es tuyo es tuyo y nadie tiene el derecho de sacártelo porque sí. No se pueden justificar los crímenes porque son un atentado contra los derechos, y esto es lo que muchos no saben ver hasta que le toca a alguien cercano.
Hay que proteger a la sociedad, no entender al que la agrede.
Se volvió moneda corriente agradecer porque te robaron "pero al menos no te hicieron nada..." ¿Qué monstruos están viviendo en nuestra sociedad? ¿Por qué nos volvimos tan conformistas? ¿Dónde está el Estado?
No nos podemos quedar tranquilos ni siquiera en nuestras casas porque ENTRAN IGUAL. Si salimos sin dinero y nos quieren robar NOS LASTIMAN POR NO TENER NADA. Vivimos con miedo porque nadie está a salvo, te diste media vuelta y mataron a quien tenías al lado.
Nos acostumbramos a vivir preocupados porque si no nos atienden el teléfono nos preguntamos si les habrá pasado algo. A vivir desconfiados de cualquier desconocido que se nos acerque en la calle. Vivimos en una guerra de todos contra todos preparados para salir corriendo o atacar. Nos mantenemos inmunes cuando escuchamos casos ajenas y somos capaces de verlo únicamente cuando es alguien cercano.
Porque hoy le pasa a él/ella y mañana te puede pasar a vos, o a mí. Dejemos de buscar el porqué le sucedió y busquemos quién lo hizo para poder avanzar, como sociedad y como personas.
Una sociedad no se construye sola, es el resultado de cómo el Estado la educa y la cuida. Entonces empecemos a exigir más, a no conformarnos porque "al menos..." BASTA. Somos personas y tenemos derechos que deben ser respetados y garantizados.
Y para que los otros mejoren debemos mejorar nosotros mismos. Se enseña con el ejemplo.
lunes, 9 de marzo de 2015
Flujos de energía.
Siento que se me inunda el alma con tanta energía nueva.
Energía pura.
Energía encendida.
Energía renovadora.
Energía luminosa.
Energía sanadora.
Estas ganas locas de vivir me están alumbrando los caminos, me están empujando a seguir, me están robando risas profundas y arrancando las espinas que me crispaban.
Este amor que no cabe en mi pecho se está volviendo explosivo. Y va a salir. Y va a explotar. Y entonces va a quedar todo cubierto con un montón de amor. Lo van a respirar, lo van a tocar, lo van a ver y ojalá lo sientan.
Esta paz rompe como olas del mar en mi mente. Marea alta, bandera roja porque el mar no está calmo. Peligrosa la paz loca en mí, me siento más allá. La bronca, el odio, la furia, solo matan la alegría. Inhalo y exhalo la paz que me dio el arena, el mar y el cielo.
Mi esencia se regocija, cómoda en mi ser.
Mi esencia me abraza desde lo más hondo, su calor hace que sea verano en mi corazón.
La verdad es resplandeciente, es pura. Pero tan resplandeciente que hay que observarla despacito para que no te ciegue.
Estoy abriendo los ojos para verla desde que nací. Con paciencia siempre ¡No te agites que hay tiempo! Y aún quedan muchas existencias.
[ Terremoto en la vida.
Cambio de sentido.
Curva inesperada.
Topetazo a los ideales y caen los artificiales. ]
Estoy bailando -Me siento como bailando- Me mueve algo que llevo dentro, no sé qué hay afuera pero bailo por lo que llevo dentro.
Lo que fui. Lo que soy. Lo que seré. Una sola, tres tiempos y un único camino, el que se hace al andar…
TAN AMENA.
¡Vaya si es amena la felicidad de verse a uno mismo y gustarse!
domingo, 1 de marzo de 2015
Desde afuera pa dentro.
Deberíamos dar gracias cada vez que nos ayudan a ver un
poquito más allá de nuestras narices. Abrir los ojos y sentir muy adentro la intensidad
de todo lo que nos rodea, la calma suele apremiarnos cuando nos permitimos un
respiro de todo el ajetreo.
Así, bien suave, como podría ser un viaje.
Cansada de viaje como sinónimo de diversión y distracción,
le doy un giro al sentido y decido irme a descansar, a experimentar y a
conocer. Tuve la suerte de resolver ciertos enredos de mi cabeza, ver con más
claridad realidades que quizás, simplemente, no me atrevía a ver. Creo que el
mar me despeja. O será la gente que en ese corto tiempo me acompañó. Junto al mar y en una casa de barro la
vida parece un poco más resulta, más fluida y más simple. Parece como si los
comederos de cabeza constante fueran de un tamaño insignificante y sin embargo,
con frecuencia tapan lo que importa. Es tan continuo el roce con ciertas cosas
que las convierten un puntos críticos en nuestras vidas, pero tomá distancia, desde lejos se ve mucho mejor lo que hace
falta.
Lo bueno y lo malo, lo interno y lo superficial. Tu vida
puede discurrir con tanta simpleza o materialidad como vos quieras. Ni más ni
menos, no se deja de ser de determinada manera por la elección del material,
sino por lo que elijas llevar adentro. Siempre esta bueno recordar, de todas
maneras, que los buenos momentos están muy esquematizados. Las plataformas, un
buen trago, sentados en un bar no tiene porqué ser mejor que una guitarra y
apoyarse en un tronco alrededor de una fogata. Empastillarse en una fiesta loca
no tiene porqué ser más divertido que tomarse una cerveza mirando malabares. Y
eso corre por cuenta de cada uno, los momentos van a ser tan buenos como se
ajusten a vos, pero pasa que a veces olvidamos también ajustarnos un poco
nosotros a los momentos. Yo, la reina de la predicción, querer saberlo todo
antes que pase y anticiparme y planear, te digo, n o s i r v e . Los momentos nunca se van a dar como los
planeaste así que sería una excelente decisión no molestarse en querer
definirlos, dejalos ser, que te tomen por sorpresa y a vivirlos como vengan.
Y el Amor. No es
un ramo de rosas, no es un novio, no es acostarse con alguien y no es un “te
quiero”. El amor viene en cualquier
forma y no se ve, se siente. Un perro, un abrazo de un amigo, un amigo, un
gesto con el otro, una canción o desvivirse por alguien. El amor puede no ser
todos los días, ni todo el tiempo, puede ser irregular e impredecible porque
viene y va, no se retiene y no se fuerza. El amor le da energía al corazón,
hace que bombee tan fuerte que uno se escuche a uno mismo, el amor te lleva por
donde quiera y por suerte, se puede usar
como un puente (Cerati lo dijo y no yo.)
Vivir con intensidad.
Eso fue todo. Vivir todos los días iguales vuelve a la vida monótona, a las
personas insulsas y a los sentimientos rutinarios. Vivir siempre igual te mata.
Experimentar e irte a los extremos, probar suerte y ver qué tal funciona. Yo
creo que te encontras chocando con lo que no sos. No hay mal que por bien
no venga. Si por las dudas no te levantas mañana, asegurate que puedas sonreír
pensando en lo que es hoy. Siempre.
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