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martes, 9 de junio de 2015

"Se hace camino al andar" escribió Machado...

Todo eso queda. En la piel llevamos las cicatrices bien marcadas, como también adentro nuestro. Heridos y curados, guerreros de nuestras propias batallas y ganadores de nuestros propios triunfos nos corresponde por tanto asumir las consecuencias de los pasos dados y la responsabilidad de los que daremos.

Los abrazos tibios, las palabras sin contenido, los gritos mudos, las compañías ausentes, las ayudas interesadas, las sonrisas forzadas, los dolores guardados y todo aquello que no sirve, toda esa basura figurativa no ayudó y no ayudará a encontrar lo verdadero. Fueron, alguna que otra vez, nuestros consuelos vanos para mentirnos al  corazón, pero éste, corajudo y exigente golpea las paredes para hacernos saber lo verdadero de la verdad. El amor tiene que ser cálido, la felicidad brillante, la pureza limpia y la plenitud de esas sensaciones debe inundarlo todo.

Y nos vamos perdiendo y encontrando en los caminos tan diversos, nos vamos tropezando con lo que queríamos y ya no queremos, con lo que perdimos y extrañamos, con lo que fuimos pero no somos, con lo que debería haber sido y no fue. Nos vamos encontrando, sobre todo, con lo que nos emerge desde dentro, con lo que somos así nos guste o no, con lo que sentimos, así lo elijamos o no.

No es fácil, aunque lo parezca, armar los caminos. Siempre el peso de lo racional y lo instintivo está presente batallando por las elecciones ¡Si será un placer cuando se fusionan! Pero cuando esto no sucede entonces es el momento de elegir corazón o cabeza. Nos vamos así armando, nos vamos conociendo y desconociendo, la incertidumbre nos vislumbra y dificulta la visión ¿Qué pasaría si…? Y avanzamos. Pasito a pasito, construyendo, solos o acompañados, el camino que transitamos, la vida que elegimos, lo que nos toca y lo que decidimos hacer con ello.

Apenas sepa quizás alguien que transitó tan poco, tan extraño y enredado pero corto camino. O quizás te sorprenda, que ese alguien, arremetiendo contra paredes porque así el corazón lo quiso haya entendido que los pasos hacia lo puro, lo sincero, lo pleno, los dicta el corazón. Un poco loco, apenas racional pero apasionado. Vívido de sentimientos, hambriento de sensaciones, me guía detrás de lo que quiero, mientras la cabeza, muy insistente, le aconseja lo que debería. Y con esos dos consejeros, haciendo hincapié siempre en el primero, voy siendo.


[Una vez, frente a una situación en la cual el corazón me empujaba con fuerza exagerada pero la razón asustada me gritaba que me aleje, un buen alma me dijo que me deje llevar. Que no atienda a los motivos que me asustaban, que ignorara los problemas que acarreaba aquella situación y me guiara por lo que sentía, que si eso quería por algo era y tenía que intentar, que probar, que no debían frenarme toda esa junta de problemáticas que veía]

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