Clear your mind

Clear your mind
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miércoles, 9 de septiembre de 2015


La confusión me llevó al destierro lenta y cruelmente. Había poco que pudiera hacer a esta altura para arreglar corazones ajenos.

Mi corazón andaba con suelas desgastadas en caminos espinados. Con valijas semi llenas de recuerdos etéreos. Con melena despeinada de guerras en la cama. Con soberbia de proclamarse conocedor de la desdicha. Con poco ya que decir.

Como prófugos del amor se sumergieron aún más profundo de lo que debían. Ni batallaban ni firmaban la paz, la razón indiscutible conocía aquel fin.

La razón predijo aquel fin antes incluso que los corazones se tomasen la mano, la razón conocía cuán corto era ese camino si se afirmaba el paso sobre la verdad. Caprichosos y dichosos sintieron todo. Lo vivieron. Lo intentaron. Lo quisieron. Y fallaron.


“No hay mal que por bien no venga” – quisimos creer.



domingo, 6 de septiembre de 2015

21k Media Maratón de Buenos Aires (06.sept.2015)

Venía hace meses esperando este momento y me había imaginado todo, cada instante, incluso qué podía escribir al respecto. Nada. No hay manera de expresar lo que se siente porque hace falta vivirlo.


21k son un montón y no cualquiera tiene las ganas, pero no hace falta haber nacido hijo del dios de las velocidades para estar ahí porque la petisa de la foto hace un año no llegaba a los 5k. Hace un año y un mes corrí mi primera carrera, 5k, una pavada y terminé diciendo que era hermoso pero que jamás iba a correr más que eso (me lloraban los pulmones pidiendo aire). Seguí entrenando como siempre, hasta abril de este año, cuando conocí a un loco y la persona más buena que hay (Edu obvio) que me alentó a que corriera 8k. Loca de felicidad dije “si pude correr 8k, puedo correr lo que quiera” por supuesto ni tenía en mente los 21. Fui dando así un poco más de mí, mientras el profe nos seguía explotando y con la leona Mai le poníamos cada vez un poco más de garra. Hasta ahora venía avanzando gracias a los compañeros que tengo (suerte la mía de tenerlos) y llegaron los 15k. Costaron. Costaron un huevo y medio, yo contra mí misma, fue una batalla mental terrible y dije más de una vez “Nunca más” y “no corro los 21”. Por suerte Dani me hizo el aguante en la primera carrera de 15k y gracias a él llegué! Me volvieron loca, todos me decían que podía y yo era la única que lo negaba.

Al final hoy me desperté segura de que podía, un nudo en la panza ni me dejaba respirar de los nervios y “qué carajo hago yo acá” me fui preguntando durante todo el calentamiento. Capaz yo corrí los 21k porque tengo unos compañeros de oro que me dieron la fuerza y el ejemplo, que no se rinden, que no tienen miedo y si lo tienen lo vencen, que no aflojan y que quieren seguir corriendo siempre un kilómetro más. Capaz corrí los 21k porque Eduardo me quemó la cabeza durante meses para que pudiera y me acompañó desde el principio y hasta el final de los entrenamientos. Capaz yo corrí los 21k porque quería llevarme por delante todos esos comentarios “estás loca” “son muchos” “si apenas llegaste a los 15, 21 no vas a poder” “no tenes el físico”.

O capaz los corrí porque a fin de cuentas no hay nada más complaciente que superarse a uno mismo, que proponerse y conseguir, que aplastar los límites y terminar con un “YO PUDE”. De todas maneras no puedo explicarte lo que se siente correr 16k dejándote las piernas, los siguientes 4k avanzar con la cabeza y el último hacerlo con el corazón. Tampoco puedo explicarte la satisfacción y el orgullo de haber llegado hasta acá. El que corre 42k por ahí se ríe de mí y el que no corrió nunca 1k me admira, igualmente va más allá de eso, se trata de objetivos, de competir con uno mismo y no con los demás. Ponerse una meta y cumplirla no es solo trabajo, es fe, es creer que podes. Tus piernas no van a ir a donde tu cabeza no las lleve.  Y al final, todo esfuerzo trae sus recompensas.

sábado, 29 de agosto de 2015



So lying underneath the stormy skies she'd say 'I know the sun will set to rise'. 
 - This could be paradise - 


                                     (Coldplay)

jueves, 6 de agosto de 2015

Lo pequeño se hace grande.

 Andaba perdida por buscar algo que no era mío. Caminando caminos ajenos hay pocos que puedan llegar sin padecerlos. Desorientada y golpeada era poco fácil sonreír. Algunas manos curanderas me guiaron en la oscuridad y me trajeron a donde estoy.

Mi refugio. Refugio es la gente que me acomoda el alma, que me acaricia el corazón. Refugio es la gente que me roba sonrisas por el simple gusto de verme sonreír, la gente que me abraza para darme el calor que me falta, la gente que me escucha porque sabe que quiero hablar, la gente que me espera porque cree que vale la pena hacerlo, la gente que me busca porque entiende que me  pierdo, la gente que me empuja para que choque con mis miedos, la gente que me acompaña aunque no tenga ganas de caminar, la gente que me ayuda aunque no me haga falta, la gente que me acepta aunque no me entienda, la gente que me sostiene las penas cuando me pesan las que ya tengo, la gente que me reta sin esperar que haga caso, la gente que me promete y que cumple, la gente que pone música para mis oídos aunque no le agrade, la gente que me grita cuando tiene que gritarme y luego se disculpa por lastimarme, la gente que me dice verdades porque sabe que de mentiras rehúyo, la gente que me regala tiempo sin esperar devolución. En mi refugio nunca hace frío porque hay gente cálida, supongo que por eso me refugio con esta gente alrededor.

Pero la gente no era suficiente si no había momentos. Así que creé mis momentos de vida. Tomar un café con mi madre todas las tardes posibles. Una siesta después de haber madrugado o comer después de horas con hambre. Ponerme las zapatillas para ir a correr. Reírme sola en la calle bajo miradas curiosas, o reírme hasta el llanto con algún amigo. Pintarme las uñas. Leer un buen libro. Reflexionar en la ducha. Un mensaje de buenos días. Cantar a los gritos. Mucha música y siempre y cada día por lo menos una canción de rock y una de Miley. El olor de mi viejo cuando sale de ducharse. Los besos de mi perro. Los consejos (y cargadas) de mi mejor amiga, o de mi hermana, o de ambas. Encontrar plata en un bolsillo. El sol de media tarde. La playa, las olas. Una cerveza con pizza.

Y me fui llenando, junté los momentos con la gente, hice que todo eso tan pequeño y que parecía tan insignificante se volviesen mis pilares. Los pilares que serían la base que me sostuviese si mis emociones se volvían a tambalear. Siempre hay desequilibrios, siempre algún momento se arruina o alguna persona falla, y estaba bien. Lo pude entender y lo supe aceptar, supe convivir con ello. Desde entonces siempre veo brillar el sol en la mañana, aunque llueva. Si alguna herida arde, la dejo estar allí, dolorosa pero segura de que va a cicatrizar. Pude reír tranquila con todo lo bueno a pesar de saber que lo malo me rompía hasta llorar. No tengo la seguridad de cuándo, pero había asumido que las tristezas y las alegrías no eran contrarias sino complementarias, ambas convivían y completaban ciclos, no se podía ser extremadamente feliz sin haber estado extremadamente triste. No distingue lo dulce quien no probó lo amargo. Lo vi, lo entendí, lo acepté y me lo tatué bajo la piel. Me sentía particularmente feliz. Había sacado lo más útil de la miseria, y no, nunca me prometí que no volvería a caer, podía suceder. Puede que algún día vuelva al fondo de ese pozo, puede que vuelva a llorar como un bebe recién nacido y que patalee caprichosa porque crea no merecerlo. Puede incluso que me vuelva a odiar a mí misma por ello. Pero no tengo miedo, pues sé que a la vuelta me espera mi refugio y mis momentos. Y créanme, eso es todo lo que uno necesita para sentirse bien.


Lo grande, vaya si nos vendieron una mentira, lo grande se va formando cuando se suman las partes. No hay grande sin pequeño. 

miércoles, 22 de julio de 2015

Me hubiera ido tras él.

Escuchaba aquella voz en cualquier lugar. Ni siquiera estoy segura si era su voz o sólo una sensación. Aunque a esta altura dudaba incluso si era mi propia imaginación. Me gustaba oírla. Su voz me gustaba inclusive más que la música, me gustaba más que el sonido de las olas, más que el del viento al ir en moto. Su voz acariciaba mis sentidos. Pero no era únicamente su voz, también estaba obsesionada con sus palabras, todo lo que salía de su boca me ponía la piel de gallina. Me curaba y me sanaba en tan solo un par de frases. Al principio supe manejar todo aquello que me decía, sabía exactamente cómo hacer que él me dijera lo que yo quería oír. Y todo fue tan fácil ¡Ay tan fácil que no me percaté cuando empezó!

Sentía sus pasos tras los míos a lo largo de cualquier camino. Con frecuencia me volteaba para asegurarme si no era él, o alguien más. Pero ahí estaban, sus pasos estaban pero él no. Siempre tras de mí, lo bastante lejos para cuidarme las espaldas, lo bastante cerca para cuidarme el corazón. En aquel entonces me gustaba esa compañía, no me sentía sola. Sin embargo, aquella soledad comenzó a ahogarme si comprobaba que no estaba, así que solo empecé a caminar sintiéndolo pero sin darme la vuelta.

Todas las sensaciones eran recuerdos. Todos aquellos inventos de mi imaginación me seguían constantemente. Quizás no eran inventos y eran su fantasma. Tal vez sólo eran confusiones de realidades. Puede que mi cabeza estuviera manipulando la realidad para hacerme creer lo que quería. Estaba plenamente confundida, estaba totalmente perdida en alguna realidad ajena, estaba desquiciada por encontrar todo lo que él me había dejado, por conservarlo y atarme a ello. Estaba locamente enamorada de aquello que me había hecho sentir.

De todas maneras, lo estuve y ya no. El tiempo lo fue matando en mi memoria, cada vez podía oír su voz menos clara y sus pasos eran más lejanos, su olor era menos perceptible y todo lo que yo sentía, cada vez lo sentía menos. Mi risa con su risa habían quedado olvidadas. Nadie me llevaba a la calma, nadie y mucho menos su recuerdo ¡Ay de mí cuando lo perdí! Y así, momento tras momento (que no atino a acertar cuánto tiempo duraba un momento) fue yéndose no él sino su fantasma, su ficticia presencia y con él mis ganas, con él mis fuerzas, con él yo. Me hubiera ido tras él una y mil veces, antes, ahora y mañana. Me hubiera ido tras él desde el comienzo y hasta el final. Me hubiera ido tras de él, como lo hice.

Y no habría nadie de preocuparse por mí. No estoy perdida, no lo estoy porque él siempre me guía, siempre lo hizo y aún ahora. Es mi cuerpo ausente el que genera interrogantes, pero yo aprendí, él me enseñó, que no era vacío el cuerpo sin alma, sino el alma sin amor. Amar es vivir y mi alma lo eligió.


¡Ay de mí sin él! Locura divina era verlo brillar. No hubiera querido ver otra luz en mi vida que la que vi en él.


viernes, 17 de julio de 2015

PROPERTY OF SOCIETY.


Hay palabras que las nenas no pueden usar, el fútbol es para varones,  las mujeres debemos desnudarnos ante quienes lo merezcan porque quien se acuesta con más de hombre es una puta, las niñas van de rosa y bien tapaditas, que si provoca, lo que le pase ella se lo buscó. Por favor mujeres vistan talle único, te quieren con curvas pero sin panza ni kilos de más. Cuando las jóvenes salgan no usen tacos muy altos que son de prostituta, pero tampoco zapatos bajos como los niños, no usen polleras muy cortas porque son de buscona, pero tampoco muy largas porque entonces significará que no se saben vestir, no se pongan demasiado maquillaje que parecerán travestis pero no vayan sin maquillar porque estarán poco atractivas, no sean insoportablemente histéricas, tampoco sean fáciles, pero déjense ganar. Ese short es muy corto, esa remera muy escotada, ese tatuaje te queda mal, ese aro es de hombre, sonreí un poco, no camines así camina asá, trabajá para independizarte pero ocupate de la casa no olvides que sos mujer, ¿¡Cómo no sabes cocinar?! Tendrías que hacerle la comida a tu familia pero no comas con ellos ¡no vayas a engordar! Ay mujer, ay mujer, “mirate al espejo y querete” te dice la sociedad, la misma sociedad que cuando te aceptas te quiere cambiar.

A las mujeres nos trajeron al mundo al igual que los hombres pero las religiones dicen que éramos una costilla del hombre, o que somos objetos, o que no tenemos alma. Los medios nos venden como excelentes objetos de comercio, servimos para promocionar autos, programas de televisión, lavaplatos, alcohol y mientras algunos nos muestran como auténticos objetos sexuales que te podes ganar si te comes ese chicle, si te compras ese auto, si usas ese desodorante, otros nos muestran como excelentes amas de casa y responsables de la vida familiar. Tenemos que respetar reglas básicas de la feminidad pero también ser como los mejores amigos del hombre, nos quieren difíciles pero expertas sexuales, nos quieren provocando pero lo justo, no nos quieren exclusivas ni libres. ¿Qué nos están haciendo? ¿Y qué nos dejamos hacer?

No voy a caer en el extremismo de decir que los únicos culpables son ellos porque muchas veces fuimos cómplices. Hay personas de ambos sexos divirtiéndose en la balanza donde ellos pesan más que nosotras, hay personas de ambos sexos ganando millones gracias a la mujer usada como un producto, a la mujer expuesta y que cumple tan bien ese “rol” designado. No gracias, te agradezco pero yo prefiero ser libre. Prefiero ser mujer por el sexo que tengo y no volcarme a ese lugar que me otorga la sociedad, prefiero morir a manos de un enfermo por vestirme como me visto a vivir el resto de mis días bajo una túnica negra, prefiero defenderme, prefiero ser mujer hasta el punto que yo lo decida, y por mujer me refiero a lo que la naturaleza me dio y no a lo que la sociedad me impone.

Las mujeres no estamos por debajo de los hombres ni económicamente, ni físicamente, ni mentalmente. Las mujeres no somos las encargadas de los quehaceres del hogar. Las mujeres no debemos vernos siempre atractivas. Las mujeres no debemos  ser las únicas responsables de criar a un hijo. Las mujeres no debemos privarnos de expresar nuestras ideas ni que el sexo sea tabú. Las mujeres no somos un premio a conseguir ni una mascota a la que educar. Las mujeres nos vestimos como queremos y para nosotras, lo que le “provoca” al hombre está en su mente y no en la nuestra. Hombres, las mujeres venimos del  mismo lugar que ustedes, del vientre de una madre. Y cuando hablamos de todo aquello que la sociedad nos restringe y establece, hablamos de creencias milenarias, del lugar que ocupábamos y no deberíamos ocupar más. De lo que querían que fuéramos y muchas de nosotras se rebelaron para no ser. ¿Podemos entonces por favor dejar de clasificarnos entre nosotras? ¿Podemos respetarnos entre el mismo sexo? No podemos buscar la compresión en ellos si primero no nos entendemos entre nosotras. ¿Pueden entonces ustedes dejar de cosificarnos? ¿Pueden por favor dejar de juzgarnos, y adjudicarnos lo que debemos y no hacer como “Mujeres”? 

Y respetarnos no es decir “ni una menos” y lavarse las manos. No nos respetas cuando te sentas en la mesa y esperas que nosotras la pongamos, y que también la levantemos y que también lavemos los platos. No nos respetas cuando te das vuelta para mirar un culo ni cuando nos tocas bocina. No nos respetas cuando decís “es rapidita, seguro entrega”. No nos respetas cuando te reís de que una parece un machito por cómo se ve. No nos respetas cuando te molesta nuestra opinión en el fútbol o pensas que por supuesto era una mujer la que manejaba. No nos respetas cuando te crees muy machito por tener muchas mujeres. No nos respetas pero querés que te respetemos. Te aprendiste tan bien lo que la sociedad te quiso hacer creer que tu lugar como macho es más importante que nuestro lugar como mujeres. Y a vos mujer machista, lo siento. Realmente lo siento porque te hayas creído todas las mentiras que te dijeron de vos misma, por haberte comido el papel que te dieron. Pero sobre todo lo siento por nosotras, las mujeres que no queremos ser sumisas, las que nos hacemos cargo de las críticas por intentar ser lo que queremos y no lo que nos pidieron.

Recuerden que razonable es el que tiene argumentos para sostener la razón. Y lo que la cultura diga no es argumento. Y lo que uno critica habla más de uno mismo que de lo que se critica en sí.


Un saludo a todos los que decidan reflexionar y cuestionarse. Y muchos deseos a nosotros, como sociedad, para que avancemos y evolucionemos.

martes, 30 de junio de 2015

Loca de ganas de más.

Las gotas de sudor me resbalan por la cara y tengo la espalda llena de nudos ¡Qué trabajito viejo! Lo bueno es así, para alcanzar metas altas hay que saltar alto. Aceptar desafíos es también aceptar el camino que lleva hacia ellos, atravesarlos como se pueda y ver la luz al otro lado. Durante todo este tiempo intenté no perder de vista esa luz, no desviarme de la senda para poder llegar a aquel resplandor.

Acá estoy, a un paso de haberlo logrado. Por supuesto que lograrlo solo implica emprender la siguiente parte de este camino infinito, pero lo acepto y lo disfruto. Lo quise con tanta fuerza que lo estoy teniendo, al final la cosecha está dando sus frutos. (Cada hora de sueño que perdí por estudiar, cada vez que releí una frase hasta poder entenderla, cada resumen del resumen del resumen, cada pregunta hecha en clase y esfuerzo por organizar de la mejor manera la información en los parciales.) (Cada tarde, cada entrenamiento con dolores en las rodillas, en los cuádriceps, en los gemelos, cada segundo ahorrado en velocidad y cada domingo madrugado) (Y cada gramo bajado en la balanza) Esos entre mis desafíos favoritos este año, sin contar mis desafíos como persona, más internos, más propios.

En aquella letra de Las Pastillas del Abuelo decía…

“Tengo por bien sufrido lo sufrido 
tengo por bien llorado lo llorado. 
Porque después de todo he comprobado 
que no se goza bien de lo gozado 
sino después de haberlo padecido.
Porque después de todo he comprendido 
que lo que el árbol tiene de florido 
vive de lo que tiene sepultado”

Sin duda certero. Ganador es el que pelea hasta el final, así lo haya logrado a la primera o le haya llevado unos intentos más. Y me sé victoriosa después de tanta lucha interna, un cuerpo que no quería saber más nada y una cabeza que seguía insistiendo en que se podía. Un paso, estoy a tan solo unos pasitos mínimos de cumplir lo que tanto quiero, las metas que me propuse y que veo cada vez más cerca. Gustosa de entrar en la segunda parte del año, que parecía lejana, inalcanzable, que parecía como si el tiempo nunca llegara a esta parte y por fin, llega lo tan deseado del 2015, la hora de los retos, la hora de poner pecho a lo que viene y tanto esperé.

Tan ansiosa como agradecida, uno siempre debería agradecer un poco a quienes nos tendieron la mano, acordarnos de quienes nos facilitaron un poco el camino. Yo fui y soy totalmente afortunada, estoy rodeada de gente que la pelea, gente con carácter que se pone frente a la vida y la desafía. Lo vi y me lo quise contagiar, en mi viejo que pone todo su alma y cuerpo en sus objetivos, en mi mejor amiga que con su actitud y confianza sabe que puede, y efectivamente puede, en mi hermana que rebalsa constancia, en más de un compañero con los que corro, algunos que llevan años poniéndole ganas y se mantienen en pie a pesar de pasar los cuarenta, y otros que saben muy bien que los límites están en la cabeza y siempre son capaces de mejorar. Lo leí también en libros, lo vi en historias reales y lo escuché decir a más de uno que hoy está donde está porque se dejó el pellejo para llegar hasta allá. No es de mi interés si algunos tuvieron o no el camino más fácil porque esta vez solo competí contra mí misma, solo hice las cosas porque yo las quería y los logros tanto como lo no logrado pesan en mí y no se los debo a nadie.

Contenta, satisfecha y ansiosa. Le sonrío a lo que falta, loca de ganas y segura de lo posible que es todo, si tan solo viéramos las piedras como oportunidades de aprender en vez de como trabas en el camino…

Sólo hace falta un desafío, fuerza y corazón. 

viernes, 26 de junio de 2015

Interviewer: Are you a rich man? 

Bob Marley:  When you mean rich, what you mean?

Interviewer: Do you have possessions, a lot of money in the bank?

Bob Marley: Possession make you rich? I don't have that type of riches. My riches is life forever.

martes, 9 de junio de 2015

"Se hace camino al andar" escribió Machado...

Todo eso queda. En la piel llevamos las cicatrices bien marcadas, como también adentro nuestro. Heridos y curados, guerreros de nuestras propias batallas y ganadores de nuestros propios triunfos nos corresponde por tanto asumir las consecuencias de los pasos dados y la responsabilidad de los que daremos.

Los abrazos tibios, las palabras sin contenido, los gritos mudos, las compañías ausentes, las ayudas interesadas, las sonrisas forzadas, los dolores guardados y todo aquello que no sirve, toda esa basura figurativa no ayudó y no ayudará a encontrar lo verdadero. Fueron, alguna que otra vez, nuestros consuelos vanos para mentirnos al  corazón, pero éste, corajudo y exigente golpea las paredes para hacernos saber lo verdadero de la verdad. El amor tiene que ser cálido, la felicidad brillante, la pureza limpia y la plenitud de esas sensaciones debe inundarlo todo.

Y nos vamos perdiendo y encontrando en los caminos tan diversos, nos vamos tropezando con lo que queríamos y ya no queremos, con lo que perdimos y extrañamos, con lo que fuimos pero no somos, con lo que debería haber sido y no fue. Nos vamos encontrando, sobre todo, con lo que nos emerge desde dentro, con lo que somos así nos guste o no, con lo que sentimos, así lo elijamos o no.

No es fácil, aunque lo parezca, armar los caminos. Siempre el peso de lo racional y lo instintivo está presente batallando por las elecciones ¡Si será un placer cuando se fusionan! Pero cuando esto no sucede entonces es el momento de elegir corazón o cabeza. Nos vamos así armando, nos vamos conociendo y desconociendo, la incertidumbre nos vislumbra y dificulta la visión ¿Qué pasaría si…? Y avanzamos. Pasito a pasito, construyendo, solos o acompañados, el camino que transitamos, la vida que elegimos, lo que nos toca y lo que decidimos hacer con ello.

Apenas sepa quizás alguien que transitó tan poco, tan extraño y enredado pero corto camino. O quizás te sorprenda, que ese alguien, arremetiendo contra paredes porque así el corazón lo quiso haya entendido que los pasos hacia lo puro, lo sincero, lo pleno, los dicta el corazón. Un poco loco, apenas racional pero apasionado. Vívido de sentimientos, hambriento de sensaciones, me guía detrás de lo que quiero, mientras la cabeza, muy insistente, le aconseja lo que debería. Y con esos dos consejeros, haciendo hincapié siempre en el primero, voy siendo.


[Una vez, frente a una situación en la cual el corazón me empujaba con fuerza exagerada pero la razón asustada me gritaba que me aleje, un buen alma me dijo que me deje llevar. Que no atienda a los motivos que me asustaban, que ignorara los problemas que acarreaba aquella situación y me guiara por lo que sentía, que si eso quería por algo era y tenía que intentar, que probar, que no debían frenarme toda esa junta de problemáticas que veía]

martes, 2 de junio de 2015

even
after
all this time
the sun never says to the earth, 

"you owe me"

look 
what happens
with a love like that,
it lights the whole sky. 

Hafiz

domingo, 31 de mayo de 2015

La piedra.

No creo saber a qué esté atado y quien lo designe. Y me reservo mis teorías para no entremezclar las propias creencias con lo real, pero, puedo asegurar que uno se tropieza con la piedra hasta que aprende.

Los pasos que nos llevan hasta las piedras son tan personales como inconscientes. Con miedo o sin él, dudosos o decididos, nos paramos frente al camino, paso a paso. “Un tropezón no es caída” nos consuelan la primera vez. Algunos toman esa experiencia como un aprendizaje al primer error y continúan incluso con raspones en las rodillas. Otros caemos de manera estrepitosa intentando frenarnos con las manos (Hagas lo que hagas, levantate). Sólo con el dolor de la caída pudimos notar la presencia de aquella piedra y muy confiados damos pasos firmes para seguir. La misma piedra, la caída un poco más fuerte, un golpe que resuena (adentro, donde están los sentimientos). Preguntarse a uno mismo puede atemorizar, es más fácil jurar un nunca más y levantarse tembloroso. Pero el paso es más dificultoso, la piedra más grande, las piernas más torpes, los ojos ciegos y ya la caída parece voluntaria. Un poco ese dolor que sentimos lo padecemos, y otro poco lo apreciamos. ¿Qué está tan bien aquel mal que no podemos (o queremos) seguir? ¿Acaso tenemos anudada la piedra a los pies?

Siempre hay voces, conciencias que no son la nuestra, que nos quieren ayudar, manos voluntarias que nos levantan, brazos que nos abrazan mientras nos secan cuidadosas las lágrimas. Y nosotros, enceguecidos, lastimados, furiosos (con nosotros mismos) vacilamos y avanzamos. ¡Qué gran soberbia! ¡Qué gran error! Nos atrevemos a avanzar sin enfrentar la pregunta interior. Por supuesto, somos más fuertes. Por supuesto, caemos mejor. Pero caemos, al fin. ¿Qué más le falta a este lacerado cuerpo sufrir para cuidarse? ¿Qué buscan estas ilusiones ciegas encontrar en el fondo del suelo al tropezar? ¿Qué están intentando estas ganas de fallar siempre igual? Con sollozos caprichosos no se va a solucionar. Seguir sangrando por la herida no nos va a curar. Para verlo primero hay que reconocerlo, para aprenderlo hay que padecerlo.

Un poco locos, asustados, quebrados y con el orgullo herido lo enfrentamos, la pregunta ¿Por qué apostamos por una piedra que no nos da un lugar firme en el que pisar?

La respuesta es tuya. Es mía. Es suya. Es propia. No importa qué ojos la vean si son los nuestros los que la deben aceptar. Algunos cobardes acotan “la verdad duele”, deberían saber que más duele tropezarse con la mentira una y otra vez.

No lo niego más, ya no vuelvo a tropezar. Esta batalla no la gané, la aprendí. De esta guerra me llevo las heridas como lecciones de la vida. No me asusta volver a errar, pero no vuelvo en esta vida a chocar contra esa piedra, ya muy chica, ya muy obvia, ya muy resentida. Que vengan otros tiempos, otros errores y otros aciertos. Que me jueguen las cartas del azar. Con el cuerpo encogido de dolor, los ojos todavía húmedos de llorar, me voy, entendí que se puede seguir el camino, se puede ver cuando uno decide mirar, se puede enfrentar cuando se tiene el coraje suficiente de saber la verdad. 

Los fallos son nuestros, propios, seguirá tropezando quien vea culpable a la piedra.

La piedra no se va a mover de su lugar, no se va a achicar para dejarte pasar, no va a cambiar para dejar de ser piedra. La piedra solo es la experiencia que te va a quedar.


Te tropezarás, me dijo la vida, tantas veces como sean necesarias para que entiendas qué grande sos y qué chica es la piedra.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Que no se te vaya la vida.

Una alarma que suena a las 6am, un cuerpo cansado del día anterior, ganas ausentes de empezar la rutina, un frío que amenaza desde el otro lado de la ventana. No quiero.

Horas y horas, agotamiento, viaje, gente, esfuerzo, pensar, hacer, hambre, sueño, y después de todo al fin en casa. Pero por supuesto nunca termina ahí, siempre queda algo por hacer, siempre un poco más de estudio, un poco más de trabajo, ojos cansados que intentan organizar ideas con un café que te mantiene despierto.

¿Y la balanza? ¿Y el equilibrio? La vida es esforzarse y también disfrutar. Trabajar y descansar. Despertarse y dormir. Llorar y reír. Me confundí aquellas veces que dejé que todo el peso se fuera de un lado, sea cual sea. La fiesta, la noche, los amigos, el alcohol, el tiempo libre, las vacaciones, las risas, la comida, ir de acá para allá buscando más diversión, todo eso se idealiza más de lo que se debería. Pero un título, un trabajo, unas notas excelentes, una corbata, un horario estricto con comidas estrictas con caras serias, papeleo importante y poco descanso parece ser “más digno”. Caminar “siendo alguien” presumiendo de responsabilidades y alardeando de cuánto cansa tener una vida tan agitada parece ser muy bien visto. No confundamos, la dedicación por el deber y la dedicación por las ganas no es lo mismo. Y ahora resulta que somos el título que tenemos, o sos un licenciado o sos un analfabeto. Resulta que o sos el jefe o sos un empleadito. Parece que sos un vago que estudia a la tarde cerca de casa o sos un excelente estudiante que se va hasta la loma del culo en hora pico. Porque por supuesto es muy fácil clasificar, es muy fácil encasillar a las personas pero al parecer valen más los logros que los esfuerzos, vale más incluso el costo del esfuerzo que lo que seas como persona.

Me  i m p r e s i o n a. Y lo digo de esta manera porque conozco muchas personas que me encuadraron, o encuadraron a otros. ¿Qué nos pasa? ¿Acaso valemos tan poco que tenemos que presentar un título para asegurarnos de ello? Perdimos la noción de lo que nos gusta y ahora nos dedicamos a “lo que nos conviene” ¿QUIÉN dice lo que nos conviene? ¿Nos conviene ser felices o ser ricos? ¿Nos conviene ser conocidos por los demás o conocernos a nosotros mismos? Y no, con ello no quito valor a estudiar, no digo que yo no rechace una salida un sábado porque tengo que rendir, o bien me gustaría cantar, sí, y aún así no me dedico a eso porque soy consciente que no es lo mío y como se suele decir “me cagaría de hambre”. No por todo es poco importante educarse, al contrario, me parece que la educación es clave para crecer como sociedad. Pero veamos hacia donde orientamos la educación, si a la formación como personas o a la formación como trabajadores. Hay que enseñar, no estructurar, hay que explicar el porqué y no imponer. Y hay que plantearse lo que uno quiere para equilibrar su balanza. Quizás estés trabajando demasiadas horas extras para llegar a fin de mes para comprarte esas botas que te gustan y ups! ni siquiera tenes tiempo de usar las botas.


Parate frente a tus proyectos y elegí las maneras. Siempre van a conllevar algún esfuerzo, algún sacrificio, pero por lo mismo deberían aportarte felicidad, y calma. Porque vida son todas las horas, las malas y las buenas, no deberíamos tener ganas de vivir solo unas pocas. Trabajar, estudiar, no deberían ser sufrimientos a pasar. Y cuestionate si haces lo que haces porque querés o porque debes. Nadie más que vos mismo va a vivir tu vida, no hay una publicidad que sepa lo que a vos te divierte, no hay una universidad que sepa lo que a vos te interesa ni un test vocacional que pueda definirte. Si es tu vida, entonces vivila vos, decidila y aprovechala.


jueves, 30 de abril de 2015

Música, amor y alegría.

La música, el amor y la alegría son, para mí, los mejores regalos que me puedan hacer.

Después de haber tenido mucho frío en compañía. Después de haberme lastimado las rodillas arrastrándome. Después de haber llorado de indignación. Después de que los puños me sangraran por golpear las paredes. Después de gritar para escuchar al menos mi eco. Después de haber huido asustada de las críticas. Después de esconder la cara entre las manos para no ver. Después de que me apagaran las luces. Recién después de haberlo padecido, lo pude pisar y achicar. Pude apartar de mi vida lo que no quería y avanzar.

(Un paso hacia la felicidad)

Probé caminos y personas, no escatimé en sensaciones, y sin embargo, me hizo falta ser y vivir aquello que no quería para comprender lo que quería. Metáfora en esta vida es que hoy lo malo me parezcan ríos y lo bueno mares. Navegar por esos ríos, fluir con lo malo para luego desembocar en el mar de lo bueno. Que duela y que arda, pero crecí. Gracias a ello hoy veo lo que más me gusta dar. Y recibir.

Que sea música. Me toca la esencia, siento que recorre mis venas inundando por completo mi interior. Nunca me cansa, nunca me agota.  Escucharla mirando a los ojos a quien me la regala roza lo irreal, es como si pudiera vivir esa otra vida y entender lo que quiere decir con una melodía. Bendita la música, siempre pensé que era el mejor invento del hombre. Y probablemente no importe el estilo, no importe de quien venga, probablemente lo único importante sea conectarse con lo que transmite, lo que provoca. Para mí, alguien que me regala música, me da paz, me habla y escucha sin que las palabras sean necesarias, me invita a viajar con la mente.

Que sea amor. El amor es energía. Y como tal, fluye. Ni se crea ni se destruye, se transforma. El amor está en la vida, no es alguien, no es algo, amor no es necesariamente “pareja” ni “sexo”. Amor es un gesto, un perdón, un esfuerzo por el otro, una sonrisa sincera, un abrazo después de extrañar. El amor te llena, por momentos, porque eso es el amor, momentos. El amor se siente y se comparte. Ni se mendiga ni si niega, surge sincero y sin dirección, darlo cuesta tan poco que quedárselo se vuelve explosivo. Y para mí, alguien que me da amor, es alguien que me cura un poquito el corazón.

Que sea alegría. Y fuera los dolores y problemas, fuera lo que te arrebata la sonrisa ¡Vaya si alivia la alegría! Los rostros de felicidad son algo digno de ver, y ojalá se vieran más seguido. [Más risas de esas que te dejan sin aire] Me alivia la vida, le da otro enfoque. La alegría viene y va, yo intento agarrarla bien fuerte pa' que no se me escape. ¡Ay alegría! El que la regala, digno sea de mis gracias que no me caben en palabras. Quien me da alegría, me regala vida, me regala ganas.

Por eso y porque no alcanzo a explicarlo. La música, el amor y la alegría hay que sentirlos en carne propia, hay que vivirlos para apreciarlos. Yo conocí, con ellos, lo que creo es Felicidad. Una sonrisa muy grande para todos los que me fueron dando esos regalos. Y yo no sé si con una sonrisa sea suficiente, pero para no ser egoísta siempre intento dar un poco de música. O alegría. O amor.

Esa energía merece fluir. Dar y recibir.
Pobreza es no tenerlos. Y no darlos. También intento merecerlos, porque cambiaría todo lo material que tengo por la música, la alegría o el amor.


Puede, incluso, que el camino que estoy siguiente no tenga más final que esas energías. Porque, me pregunto, ¿Qué luz hay en la vida no habiendo música, ni amor, ni alegría?

sábado, 25 de abril de 2015


                                         "  I think, I think when it's all over, it just comes back in
                                           flashes, you know? It's like a kaleidoscope of memories, it
                                           just all comes back, but he never does.
                                           I think part of me knew the second I saw him that this would
                                           happen. It's not really anything he said, or anything he did.
                                           It was the feeling that came along with it, and craziest thing
                                           is I don't know if I'm ever gonna feel that way again, but I
                                           don't know if I should.
                                           I knew his world moved too fast, and burned too bright, but I
                                           just thought, how can the devil be pulling you toward
                                           someone who looks... so much like an angel when he smiles
                                           at you. Maybe he knew that when he saw me.
                                           I guess I just lost my balance. I think that the worst part of 
                                           it all wasn't losing him, it was losing me. "



I know you were trouble - Taylor Swift

viernes, 24 de abril de 2015

Montaña rusa de sensaciones.

Lo particular de las montañas rusas es que todo es igual que la vez anterior y sin embargo, nunca lo sentimos así. Recuerdo las últimas veces, incluso la primera, tenía un miedo de aquellos, era un manojo de nervios y varias veces pensé en la excusa de que la fila estaba muy llena, así me iba. "¿Vale la pena pasar tanto miedo?" pensaba, "¿Y si termino sintiéndome mal?". Sola me daba cuerda a todos esos pensamientos inventando alguna excusa para escaparme. Indescriptible es el momento previo a mi turno, esa ronda de espera cuando sé que la próxima pasada es la mía. Un nudo en la panza y yo puro nervio, estoy jugadísima y no queda otra que subir ¡Carajo! Parece como si la gente se sentara más lento y todo fuera más largo e interminable. Pero al final me subo, son solo segundos, quizás algún minuto, sacudidas para arriba y para abajo, vueltas y velocidad al mango. Salgo toda loca y llena de adrenalina, siempre. Grité, me reí, me agarré a mi compañero y con los ojos bien abiertos no sabía controlar la emoción. Se me pasa el miedo y bajo incluso con ganas de subir otra vez. 

Suplicando una vuelta más, siempre.

Como en la vida misma. Como sentir. Quizás sea tan amante de esa sensación porque es justamente donde me hallo. Mi vida es así y cuando no lo es, me gustaría que lo fuese. Yo misma incluso, sintiendo soy así, una loca de los extremos, las vueltas, las subidas y las bajadas. Muerta de miedo me subo y salgo siempre con ganas de más. No sé si fue tan bueno o en realidad lo lindo está en experimentar, en sentir como todo está perfecto y de repente te das un par de vueltas y no sabes ni dónde estás. Cabeza abajo, cabeza arriba, los brazos extendidos y gritando. Son unos instantes pero tienen la intensidad de todo y más. 

Ahí está el sabor. 

Con las personas y las cosas. Y las situaciones. Constantemente estoy buscando sentirme así, llevar esa emoción bien calada en la piel. Porque aunque admiro la estabilidad emocional, sentir de todo y muy fuerte me hace acordar cuan viva estoy. Vida es eso. Vida es sentir, lo malo y lo bueno. Sentir es intenso, tiene fuerza. Sentir te sube y te baja como elige y te lleva a donde sea. Sentir le da color a tus mejillas y te vuela un poco la melena. Sentir te hace alterar la sangre y dudar de vos mismo. Sentir es un riesgo que siempre vale la pena. Querer, asustarse, arriesgarse, dudar, arrepentirse, aferrarse, enloquecerse, amar, odiar, sufrir, llorar, gritar, olvidarse y renovarse, distenderse, alegrarse y querer más. Que venga lo bueno y también lo malo, que lo malo sirve para saber qué tan bueno es lo bueno. 

Que sea con quien sea la travesía, que sea viva y loca, que sea de día y de noche, y que suba y que baje, y que me altere las sensaciones. Que me movilice. Supongo que no habrá nada más nocivo para la salud que vivir en mar calmo.


Calmame el alma si así lo podes, pero nunca dejes de moverme las emociones. Nunca dejes de alterarme los sentidos. Me siento más viva así. Me siento viva en la montaña rusa.