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miércoles, 9 de septiembre de 2015


La confusión me llevó al destierro lenta y cruelmente. Había poco que pudiera hacer a esta altura para arreglar corazones ajenos.

Mi corazón andaba con suelas desgastadas en caminos espinados. Con valijas semi llenas de recuerdos etéreos. Con melena despeinada de guerras en la cama. Con soberbia de proclamarse conocedor de la desdicha. Con poco ya que decir.

Como prófugos del amor se sumergieron aún más profundo de lo que debían. Ni batallaban ni firmaban la paz, la razón indiscutible conocía aquel fin.

La razón predijo aquel fin antes incluso que los corazones se tomasen la mano, la razón conocía cuán corto era ese camino si se afirmaba el paso sobre la verdad. Caprichosos y dichosos sintieron todo. Lo vivieron. Lo intentaron. Lo quisieron. Y fallaron.


“No hay mal que por bien no venga” – quisimos creer.



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